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2009/09/21 Emociones femeninas

Recientemente me invitaron a un foro para hablar sobre los cambios de humor y el ciclo menstrual de la mujer. En realidad, este un tema del cual se habla de manera corriente y que aparentemente se conoce bien pero que, a mi entender, no está siendo suficientemente bien comprendido y manejado por hombres y mujeres.

Hay estudios que encuentran un correlato entre los distintos momentos tanto de la ovulación como del período premenstrual y el estado de ánimo. Así, grosso modo, tendríamos que la mejor disposición, el mejor humor, se daría alrededor del momento de la ovulación; mientras que, el polo opuesto -la mayor frecuencia de estados de ánimo negativos, como malhumor, irritabilidad, hipersensibilidad, depresión, baja autoestima, etc.- se encontraría en los perímetros de la menstruación, particularmente en los días previos a ésta.

Podríamos decir, en términos relacionales, que la mujer se torna divinamente agradable, atractiva, abierta, accesible, etc. en los días en que la ovulación mueve sus correlatos hormonales; mientras que, en los tiempos previos a la menstruación y durante ésta puede tornarse “diabólica”, agresiva, rechazante y sumamente antipática.

Un problema frecuente surge de esta condición: adoramos a “la mujer de la ovulación” y podemos llegar a odiar a “la de la regla”. Estos sentimientos no surgen sólo en la pareja sino que todo el entorno, incluida la familia, queda condicionado por estos estados de humor.

Lo peor ocurre cuando la persona en mención, la mujer, siente lo mismo. Es decir, ya no sólo es que está poco tolerante sino que ella misma no se tolera. Lo terrible es que puede no solamente llegar a odiar estos momentos incómodos sino perder la perspectiva y empezar a odiarse a sí misma, ya sea en su condición de mujer o como persona en general. Y es que muchas veces, más allá de la biología, la mujer puede ir desarrollando una visión de sí misma a partir de las múltiples experiencias que recoge de sus momentos “divinos” y “diabólicos”, lo cual puede redundar en problemas de autoestima y en la relación con los demás.

Es posible pensar que en estos avatares afectivos y afectados, nuestra naturaleza “mece la cuna” maquiavélicamente. Aporta todos los recursos para que la mujer se ponga atractiva cuando ovula y la castiga con los malos humores, dolor corporal y tantas otras molestias cuando no ha cumplido con el mandato de embarazarse.

Pese a lo dicho, pese a que ya es sabido todo esto, es increíble la frecuencia con que me encuentro en la consulta con mujeres que, aún después de haber tenido ya un largo recorrido en la vida, no han podido integrar suficientemente este saber en su cotidiano acontecer. Vienen desesperadas, con la convicción de que su marido, enamorado, mamá o quien sea, la van abandonar, la han ofendido, la han insultado… Todo ello en medio de llantos o amarguras, con una convicción conmovedora de que los hechos son, así, que es algo irrefutable y, más aún, irremediable.

A veces, con mucho ofuscamiento, ya han tomado medidas o han actuado violentamente llevadas por sus impulsos… y no se han detenido un segundo a percatarse de que están “en esos días…”

Son incontables los dramas que se arman, a veces verdaderamente irremediables, por no tener en cuenta este factor. Muchas parejas se rompen “por el detalle”. Algunas mujeres (las menos, afortunadamente) mueren, en medio de tormentosos reproches a su inutilidad o llegan al crimen bajo la influencia de un “período” activado por alguien que provoca su violencia o por la propia violencia de la “afectada”.

Claro, no en todas las mujeres ocurre lo mismo ni con la misma intensidad. Cada mujer es diferente, tiene su propio programa, su propia historia. Hay distintos grados de afectación y en algunos casos este factor hasta resulta inaparente.

En esta resultante confluyen una serie de factores. Ya nos hemos referido a la parte de la biología involucrada. Es indispensable, también, echar una mirada al entorno en el que la mujer creció. Las actitudes y designios de sus padres en los que aprendió el lenguaje emocional que ahora asume como propio (y que reverbera ahora en las revueltas aguas del ciclo menstrual). Por supuesto que habrá que mirar, además, la solidez del desarrollo personal logrado al presente, en particular la sensación de confianza en sí misma y en los demás que hablan de una crianza suficientemente buena y equilibrada.

Las fallas en la capacidad para la integración (frecuente en personas que han tenido dificultades en su desarrollo infantil), profundizan las interferencias que surgen de las emociones propias del ciclo menstrual (ovulación – menstruación) que ya de por sí subvierten las capacidades de las personalidades más sólidas. De esto deriva, además, que no se pueda aprender, con el tiempo, a tomar el timón en estos difíciles momentos.


Sugerencias
  • Si los cambios hormonales desencadenan desequilibrios muy intensos en las emociones, hay que visitar al psiquiatra (además del ginecólogo o del endocrinólogo).
  • Hay que aprender no sólo los placeres que nos brinda la sexualidad. Los malos humores del síndrome premenstrual pueden arruinarnos la fiesta. Muchas separaciones de parejas pudieran evitarse si se atienden a tiempo estos delicados detalles.
  • No tome decisiones importantes en esas circunstancias, como la de echar al marido porque se demoró media hora. Recordemos que en esos momentos todo está sobredimensionado.
  • No es algo que se “deba sufrir”. La ciencia tiene formas de atenuar los síntomas. No se resigne, busque soluciones.
  • Lo más importante es tomar conciencia de lo que le está pasando.
  • No es cosa de culparse, ser mujer no es una maldición (¡benditas las mujeres!!)
  • Que no se la denigre por lo que está pasando. Empiece usted misma por no reprocharse.
  • Quien esté cerca de una mujer debe aprender a respetar sus “momentos difíciles” y, acaso, apoyarla, en vez de espetar esos condenatorios… “¡ya estás con la regla…!!”
  • Ojo, también, hay que aprender a cuidarse en los momentos “divinos”... ¡a menos que sea el momento apropiado y deseado para “encargar”!.

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