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2015/11/19 Consecuencias para el bebé de un embarazo adolescente

En principio, la mujer adolescente aún está en su propio proceso de maduración, en medio de conflictos que ponen a prueba su propio desarrollo emocional previo, por lo que tienden a conductas de inestabilidad o impulsividad, enamoramientos conflictivos y situaciones de riesgo, a lo que se suma la frecuencia en que se ven involucradas en violaciones producto de la precariedad de vida, el hacinamiento y la carencia de cuidados por parte del entorno familiar.
Suele observarse que estas madres adolescentes han tenido una pobre o insuficiente relación afectiva con sus propias madres, por lo que las carencias afectivas de su vida las tornan inseguras o fáciles presas de quienes aprovechan de su ingenuidad y falta de autocontrol. Los casos más complicados, lamentablemente frecuentes, son las violaciones, casi siempre perpetradas por miembros de la familia o personas cercanas que fuerzan la relación con amenazas.
En estas circunstancias, al traer al mundo a un bebé, las inmaduras madres no tienen facilidad para conectarse emocionalmente con sus infantes; en muchos casos los rechazan o los tratan inadecuadamente; los alimentan, pero no les sale natural el gesto de apapachar.
En estas circunstancias, el bebé no desarrolla un apego seguro, pues no cuenta con la presencia esencial de un entorno sostenedor afectivo. El bebé percibe la falta de respuestas a sus demandas afectivas y pronto se produce en él la inhibición de su búsqueda de conexión; se resigna y mantiene a futuro un oculto comportamiento inseguro que lo limita en la exploración del mundo. Esto tiene extensiones en su adultez, presentando disfunciones en la relación con su propia pareja e hijos.
Es indispensable anticipar estas circunstancias y asistir a las gestantes; prepararlas para su parto y, luego, sensibilizarlas en el encuentro con su bebé, apoyados por lo que la naturaleza moviliza en ambos y que facilitaría el logro de una mejor conexión emocional que incluya ternura y entrega total.

2015/11/13 Violencia y embarazo

Las características de la relación que establece la madre con su bebé desarrollan ya desde el momento de la concepción. Si ella misma tiene sentimientos de rechazo a su embarazo, si lo desea abortar y, más aún si lo ha intentado y no lo ha conseguido, tendremos como consecuencia un incremento del estrés relacional que va marcando una característica de esa interacción entre la mamá y su bebé.

Este factor de rechazo al embarazo puede no provenir de la madre, pero sí de su pareja o del entorno familiar o social, generándose igualmente intensidades de estrés que, de alguna manera, alteran tanto el desarrollo del bebé como la naturaleza futura del apego con su madre.

El bebé puede nacer más sensible a los estímulos, más asustadizo, más irritable y, por tanto, requerir una mayor contención por parte de la madre, que, si no está suficientemente calmada, es más, si reacciona con poca tolerancia o irritabilidad, derivarán en el desarrollo de lo que se llama un apego inseguro.

Es indispensable que el período de embarazo, cuente, por parte de la embarazada, con mucha contención.  La violencia va a generarle estrés y esto la predispone a una relación alterada con el bebe. El esposo, la familia y la sociedad tienen que prodigar el clima indispensable para que pueda darse un desarrollo armónico  -físico y emocional-  tanto en la madre como en el bebé.


Es frecuente que en madres adolescentes, en hogares disfuncionales o en parejas con poco control de impulsos, como en el caso de consumidores de drogas, se produzcan expresiones de violencia física y mental respecto a la embarazada. Esto constituye un factor de alto riesgo para el futuro desarrollo de un apego seguro entre la madre y el infante y, en consecuencia, un pronóstico gris para el desarrollo de las capacidades mentales del bebé. 

2015/11/09 Si te he dado todo, de qué te quejas…


Este enunciado tiene dos protagonistas: quien da y quien recibe.

Quien da, tiene una idea ligada a su gesto, un entendimiento de qué es lo que corresponde desde el rol que le ha tocado cumplir, por ejemplo, como esposo/a, como padre/madre, como hijo/a.  Muchas veces, la idea de dar va de la mano del sentimiento de cumplir con una obligación y no está vinculada tanto a la expresión de un gesto generoso. Esto marca una sustancial diferencia, que puede ser captada por quien recibe. Un padre puede dar mucho dinero, ser incluso muy responsable frente a sus hijos, pero, al hacerlo como expresión de una obligación, deja un vacío en el mensaje afectivo, ese plus afectivo que no se incluyó. Esa expresión de verdadero interés por el otro, es lo que luego puede generar un reclamo que el dador no puede entender.

El escenario frecuente y bastante dramático es el reclamo de quien recibe.  Por ejemplo, podemos encontrarlo en los hijos adolescentes y adolescentes tardíos, quienes recibieron realmente todo lo material  - y algunas veces en exceso-    pero con un correlato de distancia afectiva y a veces hasta con la ausencia física por parte de los padres. A veces, su reclamo se expresa bajo la forma de una protesta pasiva, de un rechazo a las expectativas de los padres, de un intento de frustrarlos con su propio fracaso, cuando no de abandonarse al malsano consumo de drogas y/o a un funcionar errático donde la gran ausente es la autoestima.

A veces, la motivación para dar tiene que ver con el sentimiento de ver al otro como “pobrecito”; es el caso de un huérfano o de alguien que ha tenido alguna pérdida importante en su vida. Se le puede dar muchas cosas, pero no alcanzan para llenar el vacío de relación si lo que recibe es sentido como una dádiva y no como una expresión de cercanía y aprecio.

En el escenario conyugal, es muy frecuente que el esposo establezca una pauta de “proveedor”, de bienes materiales y acaso de eventuales encuentros sexuales programados (los sábados, por ejemplo) sin tener en cuenta los anhelos de reconocimiento de la labor de su cónyuge en sus ocupaciones cotidianas y ni qué decir de la necesidad de cercanía afectiva de su esposa.

Las combinaciones del dar y recibir son múltiples pero nos invitan siempre a mirar un poco más allá de lo que creemos que hemos dado o a dimensionar en menos lo que hemos recibido. 

2015/10/20 Secretos que envenenan

Hay secretos que, signados por el amor, conllevan una consecuencia positiva, enriquecedora, que integra en la amistad o en el vínculo de intimidad con una pareja o con un grupo humano. Importa mucho que esos secretos estén signados por valores y no signifiquen o deriven en formas de sometimiento o explotación del otro. Son lazos que unen en libertad y en la posibilidad de compartir valores en los que importa, por encima de todo, el bienestar común.

Sin embargo, existen secretos que nacen en situaciones forzadas por el temor, por el dolor, por la vergüenza o la culpa; situaciones marcadas por la impotencia o el sometimiento a otro que nos impone algo que nos daña a nosotros o a nuestros seres queridos. Se trata de algo de lo que no podemos hablar o, si se habla, origina reacciones de rechazo o hasta de castigo. Muchas veces la sensación que se tiene es que si uno dice lo que sabe, puede originarse un desastre: que metan a mi padre en la cárcel, que mis padres se separen, que me abandonen, que no me quieran, etc.

Como puede inferirse de lo dicho, la mayoría de los secretos más nefastos, que más envenenan el alma –y la autoestima- provienen de vivencias traumáticas de la infancia, en las que no contamos con un entorno confiable como para poder expresar las cosas que sentimos.  Puede tratarse de una violación, de una agresión física, de un abandono, etc.

No siempre los hechos provienen de cosas que nos hicieron; podemos también haber cometido una falta y sentirnos muy culpables por ello.  El temor al castigo puede ser tremendo, lo mismo que el sentimiento terrible de haber podido sentir que tuvimos sensaciones placenteras indebidas. El tema, en estos casos, se genera igualmente por la falta de un entorno de confianza que permita expresarse con libertad y aprecio, que ayude a corregir la falta sin condenas humillantes.



2015/10/15 Por qué la mujer se deprime más que los varones

En  principio,  partimos  de  una  afirmación:  que   las  mujeres  se  deprimen  más  que los varones.   Esto es así.   En el año 1971  realicé un estudio sobre índices de depresión en la población  general  y  pude  comprobar que  las mujeres examinadas, trabajadoras obreras, menores  de 50 años, mostraban índices de depresión más altos que los varones. En dicho estudio se observó también que, pese a sus niveles de  depresión, continuaban  laborando.
Esta observación se reitera en prácticamente todos los estudios que se realizan al respecto. Distintos estudios señalan una proporción de 2 a 1, es decir, las mujeres se deprimen dos veces más que los varones, tendencia que se hace extensiva a las mismas observaciones en el resto de la comunidad Europea.

Dentro de las razones que se pueden esgrimir como respuesta a la pregunta que nos convoca en el desarrollo de este tema, podemos poner un orden de causas entre las que destacan las sociales, económicas, familiares y biológicas.

Dentro de las razones sociales cabe destacar el lugar de marginación que aún se mantiene en la sociedad actual en relación a la mujer. Si bien se ha progresado mucho al respecto, las preferencias y tolerancias giran mucho más alrededor de la condición de varón. La censura y condena sociales pesan más sobre ellas y hasta se puede postular una cierta tolerancia del ejercicio de la violencia como sanción por parte del hombre.

Esta condición se extiende al sistema de remuneraciones o de selección laboral. Suele ser que a la mujer se le pague menos y se le exija más. La condición económica suele traerle problemas a la mujer cuando enfila a la condición de madre, en la que requiere de una situación de sostén y dependencia que no siempre es la adecuada o se sobrecarga con dos funciones que resultan abrumadoras, perturbando el vínculo con los hijos, lo que genera tensión y frustración.

Importa mucho el hogar en el que se ha criado la mujer, si ha tenido padres que se han respetado y tratado amorosamente o si ha vivido situaciones disfuncionales. En el primer caso, tendremos a una mujer con menor tendencia a desarrollar depresión y con más posibilidades de encausar su vida sosteniendo una buena autoestima; en el segundo, la tendencia será a repetir el modelo y vivir la vida como un conflicto permanente, sin solución, al que tiene que someterse.

Por último, la condición biológica de la mujer determina un mayor predominio de la sensibilidad afectiva, lo que será facilitado o inhibido por el entorno. Esta sensibilidad deposita en ella la delicada tarea de contribuir con una participación afectiva, en especial con los hijos. Esto supone el reto de tener que manejarse con mucho equilibrio, con mucha tolerancia a sus propias emociones, lo cual es más difícil en la mujer, por su propia naturaleza. Es solo la vida y el entorno familiar amoroso y comprensivo, el que la ayudará a poder sostener vínculos afectivos con los demás (y, consigo misma) sin perder los límites que corresponden a lo que es digno de ella. De otra manera, está en mayor riesgo de sentirse herida o vulnerada por las expresiones negativas de los demás.

2015/09/15 Te amo pero no te deseo

Es este un problema frecuente que nos llega a la consulta: la falta de deseo sexual en las parejas, en uno de ellos, o en ambos. Se le atribuye con más frecuencia a la mujer, pero, en realidad ocurre igualmente en los varones.

Lo frecuente es que se la pasen tratando de evitar el encuentro o aduciendo cualquier excusa, como cansancio, dolor de cabeza, sueño, etc.

Es posible que un poco a desgano, accedan a tener sexo, pero sin disfrutarlo, esperando que el otro culmine con el trámite que deviene en mecánico.  En otros casos, se finge entusiasmo y hasta pareciera que se disfruta del encuentro.

Lo que no es usual es que las personas se sinceren al respecto. A veces, pasa mucho tiempo hasta que pueda explicitarse lo que ocurre. Y es que se suele entender como una muestra de desamor, confundiendo la expresión sexual con el amor.

Todo lo demás puede transcurrir de una manera normal: el diálogo, el afecto, el cariño,  … simplemente el deseo se ausentó. Cuando esto ocurre en ambos miembros de la pareja deriva en un acostumbramiento a un ritmo distante o a un bajo apremio por tener relaciones, proviniendo las satisfacciones familiares del disfrute de la paternidad o de otros quehaceres.

Cuando ocurre en uno solo de los miembros y el evitamiento es sostenido, pueden generarse resentimientos. Sentimientos de enojo y frustración, que no se expresan, que pueden llevar a un empobrecimiento mayor del clima erótico y, aún más, llegar a contaminar la relación afectiva, derivando en actitudes hostiles directas o indirectas.

Lo frecuente es que en cualquier pareja, con el tiempo y la rutina, el deseo sexual se atenúe, en particular cuando se incluyen los roles de padre y madre. Es por tanto importante estar atentos a que el clima erótico, la sensualidad, la caricia, no se ausenten. Y,  si esto es lo que está pasando, ver la forma de impedir que se apague la llama de la atracción: buscar espacios íntimos fuera de la rutina, salir a bailar, frecuentar amistades alegres y afectuosas, etc.

Lo más importante en estas circunstancias es sincerar a tiempo la situación, procurar rescatar juntos el clima erótico y tratar de no poner en la misma balanza el cariño por el otro, no perder la confianza, sabiendo que el amor está aún presente.

2015/09/15 Cuando un amigo se va... y otro se queda

Hace poco me enteré que mi amigo Pablo había perdido a un viejo amigo de la infancia. Un cáncer fulminante había truncado los varias veces postergados planes de pasar unas vacaciones juntos. 

El pobre Pablo estaba desolado, se le había subido la presión y no hacía otra cosa que rumiar rabiosamente su dolor “¿por qué tiene que ser así?” “¿por qué a él? ¡tanta gente mala que no se muere y justo él”... 

Empezó a tener problemas para dormir, lloraba en silencio... estaba deprimido, estaba de duelo. 

El verlo me conmovió.  Era evidente que lo había querido mucho y sufría por la pérdida. Sé que mi amigo vive así, intensamente, y se da por entero en la amistad. Pero pensé que tal vez, justamente por eso, iba a poder superar la situación.  Cuenta, además, con una familia maravillosa y muchos amigos, nuevos y viejos, de quienes tiene una bien ganada estima personal. 

Visto así, reaccionar depresivamente ante una pérdida, es tan importante y natural como poder reír o disfrutar de un encuentro con quienes queremos. Los problemas surgen cuando nos reprimimos y no nos es posible expresar lo que sentimos.

El tiempo jugará su rol y estoy seguro de que pronto nos encontraremos con su natural alegría de vivir. De todas maneras hemos conversado de su hipertensión y un cierto sobrepeso que pudiera suponer una forma de descuido riesgoso, no vaya a ser que nos dé también lamentables motivos para extrañarlo.  Felizmente, en estas circunstancias, pudo entender mejor el comentario que le había hecho en otras oportunidades y ¡ya comenzó la dieta! 

He aprovechado esta anécdota reciente,  para compartir algunas reflexiones y proponer sugerencias respecto a qué hacer con el amigo en duelo tanto como con las pérdidas y la depresión.

En primer lugar, necesitamos tener en cuenta que deprimirse no es necesariamente malo; es más, necesitamos, a lo largo de la vida, hacer una serie de duelos, que empiezan desde la infancia temprana, con la separación de la madre, que hasta ese momento sentíamos como parte nuestra.  Si no pudimos superar adecuadamente en su momento esta separación, sentir que podíamos ser un individuo distinto de la figura materna, corremos el riesgo de desarrollar más tarde depresiones, problemas de ansiedad u otras patologías. 

En cuanto a la manera en que expresamos nuestros sentimientos y emociones, es importante recordar que todos vibramos de manera diferente. Es lo que forma parte de nuestro temperamento y de la manera como nos hemos ido educando en la vida. La intensidad de las reacciones varía con cada persona y el saber esto tal vez nos ayude a respetar las formas y los momentos en que cada uno se muestra triste o deprimido. Un error frecuente es el de querer  ponerse como modelo de lo que el otro debería hacer o cómo debiera sentir: “Son tonterías...”, escuchamos a veces; o, "Cambia de cara... ¡por peores cosas he pasado sin tanta alharaca...!”.           

Es humano tratar de evitar el dolor y buscar el placer. Por tal motivo, nuestras estructuras sociales no toleran bien a la persona que está deprimida; a todos les mueve sus propios dolores, evitados o no resueltos, y esto no lo quisieran ver o recordar. 

En otras ocasiones, algunas personas comparten el momento depresivo y se quiebran junto con el deprimido, lo que, de alguna manera, los ayuda a conseguir una mutua liberación.

Quien ha transitado por sus propios duelos a lo  largo de la vida, podrá reaccionar empáticamente y, sin alterarse mucho, comprender que el otro necesita vivir su dolor y darse tiempo para hacer su duelo.

A veces, en un primer momento, ante la muerte de un ser querido, las personas reaccionan "como negando" su dolor por lo que está pasando. Puede ser que se dediquen a tareas prácticas y razonables vinculadas al acontecimiento; incluso, es posible que se encarguen de tranquilizar y alentar a los demás deudos. Esta puede ser, también, una manera de darse tiempo, de prepararse para enfrentar el duelo. El problema se presenta si no se logran dar posteriormente la oportunidad de hacer el duelo. 

Entendamos que no podemos forzar la expresión de los sentimientos de otra persona.  Nuestro lugar como amigos está en mantenernos en disposición acompañante. Eso nos permitirá comprenderlo si más tarde surgen en nuestro amigo síntomas “inexplicables”, como tristeza, decaimiento o problemas psicosomáticos (trastornos digestivos, dolores de cabeza, insomnio, etc.). Tal vez, entonces, podamos sugerirle o darle una opinión sobre cuál consideramos que es el origen depresivo de tales molestias.

Respecto a nuestra actitud con el doliente, como vemos, lo más importante es hacerle saber que cuenta con nosotros y que, de alguna manera, haremos honor a la frase “te acompaño en el dolor...”, que muchas veces se escucha en las formalidades, a la hora de expresar el pésame.

Debemos tener en cuenta que, en estas circunstancias, algunas personas, junto con la pena y el dolor, tienen una intensa movilización de sentimientos de culpa y rabia. Esto puede derivar en que se nos adjudiquen culpas injustificadas o desproporcionadas o que se nos reprochen conductas pasadas. Si no se logra comprender lo que está pasando, esto puede llevar a dolorosos pleitos y hasta rupturas. Si logramos tener la tolerancia suficiente, acaso logremos no reaccionar y, amablemente, encontrar otro momento para aclarar el punto, rescatando la realidad de los hechos, evitando que se deteriore el vínculo. Es una manera -transitoria- de “cargar con la culpa”, para ayudar al otro en su descarga. No ayuda en nada ponerse a discutir en tales circunstancias.

En otras ocasiones, si la persona es muy sensible y explota en el momento, puede llegar a situaciones de regresión muy intensas, de derrumbe, con pérdida de su capacidad para valerse por sí mismo, a veces incluso con riesgo para su salud o su vida. En esos momentos no queda otra posibilidad más que una atención permanente, un acompañamiento mayor, asistencia médica... algunas veces hasta resulta necesaria su hospitalización. 

Un caso aparte es el de aquellas personas que erróneamente exageran las atenciones o las prolongan demasiado, de manera que no facilitan el que la persona afectada haga su duelo hasta superar tal situación.  Diera la impresión de que prefieren que tal estado continúe para tener alguien a quien atender, a quien sobreproteger, ya que son personas que necesitan que otros dependan de ellos. Son bien intencionadas... pero pueden dañar al otro.

En el contexto de una familia, el que muestra una expresión explosiva frente a la pérdida suele ser el que "carga con la depresión" a nombre del resto. Esto complica un poco las cosas para el resto de la familia, porque los demás miembros, no sólo tendrán que hacerse cargo del propio dolor  que no han terminado de asumir para poder hacer su propio duelo y se sientes impelidos a liberar al miembro sacrificado de su pesado rol. Este es un juego que muchas veces interfiere en los tratamientos terapéuticos. Apenas el paciente empieza a mejorar la familia hace todo lo posible por interrumpir el tratamiento o, si no, apenas vuelto el paciente al seno de la familia, las tensiones del entorno lo llevan a derrumbarse y “denunciar” una vez más lo que ocurre a su alrededor.

Por último, vale la pena tener en cuenta que en esta época de gran auge en el uso de fármacos antidepresivos, de excelente acción en la recuperación sintomática del cuadro depresivo, muchas veces se desconsidera el necesario trabajo de duelo, la elaboración de los factores personales que se han perturbado y que en este estado salen a la luz; los problemas relacionados con el entorno, con las dinámicas familiares, con viejos duelos no resueltos, etc. A los colegas médicos les debemos recordar las enseñanzas del Dr. Carlos Alberto Seguín en el sentido de tratar no tanto al síntoma como a la persona enferma; esto vale incluso para los verificados cuadros de depresión endógena.

A nuestros amigos que pasan por momentos de depresión: no se automediquen, consulten siempre con un especialista cuando han considerado la necesidad de un apoyo adicional a sus esfuerzos personales; en particular cuando el dolor resulta demasiado perturbador ó incapacitante. 

A quienes los acompañan en sus momentos depresivos, les recomendamos paciencia, tolerancia, prudencia... Si el cuadro es muy prolongado hay que consultar con un psiquiatra; no es bueno dejar pasar demasiado tiempo. No hay que temerle a la depresión. Felizmente hay cada vez más comprensión sobre su naturaleza y más herramientas para tratarla... si es necesario.


Sugerencias y pensamientos adicionales:

- Ya los antiguos romanos nos aconsejaban que, si estamos deprimidos, evitemos juntarnos con personas depresivas. Lo aconsejable es compartir nuestros ratos de compañía con personas alegres y no conflictivas.

- También, fueron los romanos quienes nos legaron la sentencia “mente sana en cuerpo sano”. Sepamos cuidar nuestro cuerpo, alimentarlo sanamente, descansar lo necesario,  ejercitar sus funciones musculares, fisiológicas y sexuales, etc.

- Una vida ordenada, sin excesos, con posibilidades amplias para la expresión de nuestros afectos es casi una garantía de no quebrar al momento de enfrentar nuestras pérdidas.
        
- Los excesos suelen ser producto de la dificultad para tolerar la frustración que supone el reconocer la existencia de los límites.

- La capacidad de jugar, tanto como el mantenimiento del buen humor, nos predisponen favorablemente para sobrellevar las penurias de la vida. Por supuesto, no estamos hablando del juego-vicio que solo sirve para evadirnos de lo que a la larga  tendremos que afrontar.

- La soledad es un caldo de cultivo de las emociones penosas.

- No poder hablar de lo que sentimos nos condena a generar síntomas depresivos o sus equivalentes somáticos (dolores de cabeza, trastornos estomacales, etc.).

- Existe una relación entre la dificultad de expresar agresión y ciertas formas de depresión en las que predomina el maltrato de sí mismo.

- Es necesario que sea el médico quien prescriba los medicamentos adecuados para una depresión. No caiga en la tentación de la automedicación.

- Siempre será mejor funcionar en la vida a partir de lo que se cree y quiere que a partir de lo que se “debe”.

- Resulta importante cultivar la capacidad de perdonar. Así podremos aceptar también que nosotros mismos somos dignos de perdón.

- No trate de ser perfecto ni esperarlo de los demás: “Quien busca amigos perfectos se queda sin amigos”.

- El camino de la vida está marcado por inicios y finales. Frente a ello solo nos alienta pensar que el final de algo sea el comienzo de otra cosa.

- La intolerancia es hija de la soberbia y en sus huertos solo crece la frustración, la amargura y el desaliento; las peores depresiones surgen de allí. Cultivemos la humildad en el terreno de la tolerancia y la comprensión; de ellas surgen las depresiones mas benignas.


2015/09/14 Las compras compulsivas y el "shopping"


Cada época tiene sus modas: se concurre a determinados lugares, se viste de determinada manera, surgen modismos en el hablar, se entretiene uno de acuerdo a ciertos patrones, etc.

De acuerdo al acontecer social, los problemas mentales evolucionan también en sus manifestaciones; hay cuadros clínicos que "se ponen de moda".  En ocasiones, pueden ser el resultado de tensiones propias de las circunstancias, como, por ejemplo, los períodos de guerra o los derivados de la soledad en las grandes ciudades.  En otros casos, resultarán siendo el producto de un sistema de valores que deriva en un vacío existencial en medio de una suerte de consumo material exagerado.

Vamos a hablar un  poco de una consecuencia del funcionamiento de nuestra sociedad de consumo: la práctica del "shopping".  Para empezar, notamos que estamos empleando un anglicismo, detalle que nos coloca en el punto de origen de esta desviación moderna de la satisfacción de nuestras necesidades materiales.
           
La incentivación al consumo, más allá de lo necesario, nos viene del norte, de los grandes almacenes que necesitan vender sus productos y bombardean a la gente con su propaganda hasta "convencerla" de que no pueden dejar de tener esto o aquello. Desde niños, empiezan a caer en la trampa de la publicidad: ciertos juguetes y luego determinadas marcas de prendas de vestir pasan a ser símbolos de status, marcan "la diferencia", dejan la sensación de que si no los posees esto constituye un motivo de vergüenza, de inferioridad social.

Otra manera de movilizar el "shopping" es a través de las "grandes ofertas", en las que mucha gente compra cosas que no necesita o que "pudiera necesitar" con el incentivo de los bajos precios.  Alguna gente, con capacidad de espera (no compradores compulsivos) se beneficia de estas circunstancias, comprando lo que verdaderamente necesita; suele acumular necesidades para aprovechar tales ofertas y "se van de shopping" en los momentos oportunos.

Por otra parte, uno de los mayores promotores de la compra sin límites es la tarjeta de crédito. Pareciera que la gente sintiera por un momento que puede obtener de todo sin tener que pagar.  El sentimiento de omnipotencia sobrepasa la capacidad racional y la perspectiva real de las futuras posibilidades de pago. Este falso sentimiento de poder, esta licencia para trascender las limitaciones, es lo que traerá problemas a las personas predispuestas a la compra compulsiva.

Detrás de todo ello se desliza un sentimiento de carencia, que muchas veces tiene raíces más hondas.  Personas con necesidades de afecto muy intensas, intentan "llenarse" de cosas que compran compulsivamente.  El problema se vuelve más complejo si se pertenece, por ejemplo, a una familia con dificultades de comunicación afectiva, familia en la que, más que afecto, sólo hay una entrega o intercambio de cosas materiales.  De esta manera, las cosas que se compran simbolizan más bien la carencia de afecto, aunque pretendan sustituirlo.

En nuestra sociedad de consumo, en la que cada vez las relaciones personales quedan marginadas por los vínculos de competencia y "éxito" personal, el saldo de vacío emocional lleva a que el consumismo sea una suerte de antidepresivo.  Así, mucha gente, cada vez que anda deprimida, lejos de resolver su problema de fondo, sale de "shopping". Inclusive, algunos consejeros de revistas lo llegan a recomendar a sus lectoras como algo terapéutico.
           
El problema se vuelve mayor cuando esta actividad adquiere un carácter compulsivo, cuando la medida paliativa del vacío personal no se satisface con "el regalito" que nos hacemos y tenemos que comprar más y más; y, cuando no poder comprar se convierte en un motivo de tortura. Es allí donde se nota la falla en el Yo, que no encuentra otros modos de sostener su equilibrio.

El origen de estos trastornos parece ser la ausencia cada vez mayor de relación entre la madre y su hijo en los momentos más tempranos del bebé. Esto, en parte, es producto de la creciente necesidad de que la madre participe de la generación de ingresos para la economía familiar.

Esta ausencia de la madre es sustituida por acompañantes (muchas veces inadecuados y cambiantes), que se constituyen en los antidepresivos y ansiolíticos más primitivos. De esta situación deriva el hecho de que, en el futuro, la persona esté siempre requiriendo de objetos que llenen el vacío que les ha quedado en lo más hondo de sí mismos. Por el mismo motivo, tienen dificultad de intimar con los demás, ya que no han aprendido a relacionarse con una figura materna adecuada desde la más temprana infancia.

Las carencias emocionales de estas personas suelen generar en ellas sentimientos de ansiedad y envidia.  Si ven que otros tienen algo que ellas no poseen, suelen correr a comprarse lo que les ha removido el sentimiento de carencia o se compensan con "algo mejor". La presencia del otro siempre les estará evocando algo que ellos no tienen ya que no han logrado integrar su identidad sobre bases sólidas. Una de las características de estas situaciones se observa como la dificultad para disfrutar de lo obtenido.

2015/09/08 Hacemos el amor... ¿o el amor nos hace?

Actualmente, es común escuchar acerca del hecho de tener relaciones sexuales en términos de “hacer el amor”. En efecto, es probable que una de las cosas que se emparentan con el enamoramiento sea tener sexo con ansias incontenibles. Quizás, por eso, se dé la asociación entre el sexo y el amor. Entonces, en este caso, es la intensidad de la emoción desbordante del sexo durante el enamoramiento la que lleva a esta denominación. Pero, surge una interrogante: ¿hay amor sin sexo? o ¿hay sexo sin amor?  

Sabemos qué es el sexo, pero ¿está claro lo que es el amor? Podríamos decir que el amor, como tal, se genera en el vínculo; en realidad, en la experiencia de intimidad con alguien con quien hemos desarrollado lazos, cariño, ternura, aprecio, simpatía, respeto, con alguien a quien valoramos especialmente y con quien nos gustaría mantener una relación “para siempre”, sin que nos sintamos forzados a ello. Es la sintonía natural de quienes pueden confiar en el otro,  a quien pueden “leer” emocionalmente, con amplia tolerancia al equívoco.  Por ello, no se juega a aparentar o a impresionar, sino a ser con el otro, de manera natural.

La capacidad para amar nace de la capacidad amorosa de la madre, quien, al responder adecuadamente a los mensajes afectivos que le envía el bebé, va configurando el diseño de una disposición afectiva, de una capacidad para, a futuro, relacionarse con los demás; en otras palabras, para establecer lazos de amor, de intimidad y confianza. Entonces,  el amor "nos hace", nuestra capacidad de amar surge de la experiencia amorosa con nuestra madre, cuando somos bebés.  Sin esta experiencia, podremos tener sexo, pero no “haremos el amor”.

Es, entonces, que el amor "nos hace".  Nacemos al amor en la medida que hayamos contado con una madre amorosa y disponible. Esto nos prepara para que en el amor seamos considerados con el otro, con nuestra pareja, para tenerle suficiente tolerancia y comprensión al tratar de ponernos de acuerdo y de construir juntos un “nosotros”, sin que se busquen relaciones de dominio sino tan solo una saludable complementación, que en el sexo tendrá un lugar especial.  Tendremos mayor placer en la medida que gozamos con el placer de nuestra pareja.  Si es así, además de tener sexo, estaríamos “haciendo el amor”.




2015/09/07 Los celos

Los celos son una de las grandes torturas del ser humano. Usualmente se sindica a las mujeres como las principales víctimas de estos inquietantes sentimientos, pero es dudoso decidir si el hombre los padece menos.

Es probable que, dada nuestra estructura, sea la mujer quien tiene mayores motivos reales para sentirlos, ya que el hombre sigue contando con una mayor "tolerancia" del entorno para incurrir en infidelidades. Esta diferencia histórica tiende a atenuarse a la luz de la menor dependencia y mayores libertades con las que cuenta la mujer actualmente.
            
La verdad es que en las circunstancias propias del enamoramiento, unos y otros sienten con igual intensidad el riesgo de la presencia de un tercero que pueda ser más atractivo(a) para la pareja.  Esto es relativamente normal y se atenúa con el tiempo, al amparo de la estabilidad y madurez de la pareja.
           
En general, los celos tienen que ver con el cuidado cariñoso de algo que se teme perder, pero en la mayoría de los casos reflejan más bien inseguridad y baja estima personal. Un factor que suele agregarse es el de una dependencia afectiva muy intensa de la persona con la que se ha establecido la relación.
            
Los celos enfermizos llevan a la persona a imaginarse situaciones mil, en las que su pareja ha concretado al fin el temido encuentro con "la otra"(el otro). Empiezan a sospechar y a preguntar sobre cualquier detalle, sobre cualquier demora. La necesidad de posesión de la pareja  es llevada a tal punto que ni la presencia física los (las) libera de la sospecha de que exista otra persona en su mente.
            
Es penoso observar que este atosigamiento celoso conlleva un grado de agresión tal que provoca justamente la ruptura de la relación o la realización de la fantasía temida: el encuentro de alguien "más valiosa"(o) que ella (él).
            
En la mayoría de los casos, los celos extremos suponen una perturbación mental que tiene su origen en problemas infantiles, abandonos tempranos, traumas, fantasías sexuales reprimidas, etc. En ocasiones, estos celos exagerados se desencadenan por situaciones reales que promueven reacciones inmaduras, donde el orgullo herido, moviliza deseos de venganza o lleva a una persecución "policíaca" en búsqueda de "pruebas", conducta a partir de la cual que ellos mismos resultan ser los más dañados.
            
La motivación real de los celos promueve mucho más perturbaciones conyugales en los varones (por el orgullo herido) que en las mujeres. En cualquier caso, las motivaciones reales de los celos deberían llevar a la búsqueda de soluciones. Siempre que estos problemas se resuelvan de manera madura, la relación terminará enriquecida.
            
No faltan casos en los que, siendo los dos muy dependientes y celosos, se enreden en mutuas situaciones de celos y fiscalizaciones extremas con reiteradas demandas de "pruebas" de fidelidad.



2015/09/03 El incesto. Del deseo al acto.

Era un adolescente cuando le escuché decir a mi abuela: "El hombre propone y la mujer dispone; el hombre hasta a su madre le va a proponer...".  Sólo los años y la vida, me permitieron comprender el alcance de sus palabras.

Pero, ¡qué tolerantes suenan las palabras de mi abuela!  Si nos damos cuenta, acepta el hecho como algo natural.  Parece plantearnos que, aunque este deseo existe, lo que hay que hacer en estas circunstancias es no acceder a la demanda, sin dejar de comprenderla. La tarea consiste en ayudar al niño/a a declinar su deseo por su madre, padre o hermano en favor de algún sustituto "aceptable"  para "cuando sea grande".

Mi abuela no sabía absolutamente nada de psicoanálisis pero tenía una clara noción de lo que es el incesto y de la fuerza pulsional que puede llevar hacia el acercamiento sexual entre los hijos y sus padres o entre hermanos. El deseo incestuoso es universal, todo niño lleva su sello y éste lo acompaña a lo largo de su vida, aunque muchas veces este deseo se inhibe, sin saberlo.

Los problemas surgen obviamente cuando la intensidad del deseo es muy fuerte y el ambiente no es muy favorable para la renuncia.  Si los padres sobreexcitan al hijo(a)  con caricias inadecuadas o lo/a reprimen excesivamente con amenazas terribles, tendremos la garantía de que después a estos hijos les será muy difícil desprenderse de esos padres, tener una vida sexual plena.  Muchas de estas personas repetirán hasta el hartazgo la situación infantil: conocer a alguien, fascinarse, excitarse, reprimir y romper o quedarse fijados al conflicto, castigados o maltratados por la pareja.

Los padres que comprenden bien el momento por el que están pasando sus hijos, acogen su sexualidad, les conversan de ello y, más que nada a partir de su actitud, les demuestran que sentir estos deseos es lo más natural del mundo, pero que tendrán que elegir en el futuro un sustituto, alguien con quien sí puedan llevar a cabo la realización de su deseo. 

Los padres que no pueden actuar así probablemente tuvieron dificultades cuando niños.  Puede ocurrir, también, que estén tan excitados como sus hijos y les sea difícil tanto reconocerlo como renunciar a ello. Entonces, optan espantados por reprimirse y reprimir al niño(a) sin mayores explicaciones, generándoles culpa.  Incluso, pueden llegar a prohibir los acercamientos naturales y afectuosos entre  los hijos/as y sus padres/madres.

Una cosa interesante, relativamente frecuente, es la observación de padres superando con sus hijos lo que a ellos les fue difícil cuando niños.  Una señora que concurre a psicoterapia, no deja aún de sorprenderse, "¡Qué increíble!", me dice, al comprender cosas de sí misma a partir de conversar sobre sus hijas.  De llegar a la consulta con una actitud celosa y represiva ante las relaciones afectuosas naturales entre sus hijas y su progenitor, ha pasado a favorecer el acercamiento de sus hijas con el padre, quien tuvo una formación diferente a la de ella, más saludable, por lo que chocaban con frecuencia respecto a la formación de sus niñas.  Por otra parte, a partir de ello, empieza a tener una vida sexual más plena con su marido, con orgasmos que nunca había podido tener, cada vez más puede “sentirse mujer”, integrando sus propios aspectos infantiles, que se expresan ahora en diversas formas de "explorar sensaciones".

El desastre se arma cuando el incesto se consuma, cuando lo que debiera quedar en "deseo frustrado" pasa a ser actuado. Los límites que los padres o personas del entorno debieran mantener con comprensión son arrasados por su propia falta de límites. Esto tiene consecuencias severas para los hijos en dos niveles: o se anula la posibilidad del deseo futuro o se recorren las vías de la promiscuidad. Queda, también, afectado el psiquismo y una agresión muy fuerte puede poblar el campo de las relaciones sexuales. En otros casos, puede llegarse incluso a la locura, cuando la violencia ha acompañado el incesto.

En suma, el incesto sí es malo, pero el deseo incestuoso no lo es. Del deseo incestuoso se parte para desplazar nuestra mirada sobre otro (que no sea el padre o la madre o el hermano) que pueda tener -o no- los atributos de éstos, atributos entre los cuales debe resaltar la posibilidad del respeto por los sentimientos y deseos del otro, aunque en ellos no estemos siempre incluidos. Siendo así, por ejemplo, los celos no serán tan intensos ni habrá mayores dificultades para renunciar a las tentaciones que naturalmente irán surgiendo a lo largo de la vida.


Sugerencias:

·   El deseo incestuoso se convierte en un problema sólo en la medida en que no sabemos manejarlo. No debemos espantarnos frente a un sueño o fantasía incestuosa, nuestra o de nuestros hijos, siempre y cuando se quede en fantasía.

·     Llevar a la práctica, consumar el incesto, es algo negativo.  Quiebra la posibilidad del simbolismo y perturba el desarrollo  psíquico en general.

·      La única respuesta válida ante la emergencia de la sexualidad de nuestros hijos, es la comprensión. Esto no significa carta libre para cualquier actuación sexual de los niños. Se trata de ayudarlos a encontrar sus límites y cultivar su capacidad de postergación.

·    Cualquier castigo excesivo o culpabilización frente a los deseos sexuales naturales en los niños, dificultará el desarrollo de su sexualidad en su futura relación de pareja.


·    Nunca se debe tener la intención de herir o avergonzar al niño.  Siempre hay que estar ahí para guiarlo, explicarle y orientarlo.

2015/09/01 Más me pegas, más te quiero...

Una frase parecida a ésta, es: “fiel al castigo”.  Vivimos en medio de una realidad en la que constantemente vemos el dramatismo de personas que son violentamente maltratadas por su pareja y, sin embargo, no se separan de ésta, a veces por una justificación económica, a veces aduciendo que es lo normal y que “hay que aguantar no más…”, lo cual suele ser el consejo de mamá.

En algunas oportunidades, incluso, hemos podido observar que cuando intervienen la ley o alguna persona a favor de la maltratada, ésta se pone furiosa porque están atacando a su pareja.

Cómo explicar una situación que a la mayoría le resulta incompatible con la idea de emparejamiento… En realidad, hay una serie de condicionantes que la favorecen, entre las cuales podemos mencionar los hábitos culturales  -y, ojo- que no solo es el varón el que maltrata o pega a la mujer; en nuestra serranía, ella también tiene “sus derechos” de hacerlo, una manera de expresar su rabia o frustración, acaso su “declaración de amor” o de interés, ya que si no lo hacen podría tomarse como que “no lo quieren”, porque no se estaría cumpliendo con lo esperado.  En todo caso, supone un instrumental en los acuerdos de pareja en donde hay poco lugar para el diálogo reflexivo.

Otra razón para los emparejamientos con maltrato físico o psicológico tiene que ver con sentimientos de culpa en donde la pareja comparte la fantasía de origen infantil de que están en pecado y la agresión forma parte de un castigo. A veces, la “falta” proviene de una reproducción de un “niño tirano” que castiga a la mujer que no alcanza a atenderlo como su madre lo hacía. En el fondo, de alguna manera, castiga en su mujer a su madre, a quien no alcanzó a respetar verdaderamente o hacia quien guarda rencores ocultos que no se atrevería a reconocer. En todo caso, hay una dimensión de apego intenso dado el nivel de necesidad infantil que está involucrado en este tipo de parejas.

El cuadro más dramático lo reproducen parejas que en el fondo tienen inmensas carencias emocionales, con severas historias de abandono o maltrato violento. En ellas, la demanda de afecto es inmensa, tanto que resulta intolerable, por lo que prefieren mediar sus relaciones usando la agresión y el maltrato. Es preferible usar la agresión (propia o la de la pareja) para no arriesgar que surja la ternura, ya que la temen porque sienten que las puede volver demasiado frágiles. Por ese motivo, les es difícil cortar la relación, porque les otorga un cierto sentimiento de alianza en una forma de vínculo que logra alejar la sensación profunda ve vacío o desamparo, que aparecería (en ambos) si se rompiera la relación. Es el caso de esta pareja que hace poco salió en medios, donde tanta violencia ejerció él que cualquiera pensaría que ella apoyaría que lo encarcelen… Sin embargo, al día siguiente ella se escapó para unirse a él.

2015 08 28 Fibromialgia. Mitos y Realidades.

Es un tema del que se habla poco pero se sufre mucho. Es muy frecuente en nuestros días observar que vienen pacientes a consultarnos luego de haber visitado diferentes especialistas: al reumatólogo, al traumatólogo, al neurólogo, al internista… sin lograr resolver una sintomatología que se caracteriza por un dolor muscular, tendinoso o articular, en algún sector del cuerpo y a veces generalizado, que no cede, o sólo se atenúa con el tratamiento con analgésicos. Se puede observar que este cuadro es más frecuente en mujeres.

La causa, pese a múltiples investigaciones, no logra precisarse del todo, hay alteraciones en los núcleos cerebrales reguladores del dolor, en las que, se infieren razones de predisposición genética, pero, están también una serie de factores que contribuyen a su desencadenamiento, entre las que cabe resaltar el estrés o la ansiedad persistentes.

Es posible que sus manifestaciones hayan ido evolucionando en el tiempo, de forma tal que el afectado no ha ido prestando atención a sus molestias hasta que éstas han adquirido una intensidad que hace imposible ignorarlas. Lamentablemente, en ese momento la afectación ha adquirido proporciones que hacen que, lo que originalmente fue tensión, haya derivado en una lesión permanente, estructural o funcional, es decir, se han afectado el área músculo esquelética o los circuitos de percepción del dolor.

Aún está por precisarse si existe en el origen de la fibromialgia un único factor o si se trata de una confluencia de factores. Pero, la enfermedad ha cobrado tal importancia como para que exista el “Día mundial de la fibromialgia”, que es el 12 de Mayo. De cualquier manera, se va perfilando que, para su solución, es necesario un abordaje múltiple, en el que participen el neurólogo, el reumatólogo, el fisioterapeuta, el psiquiatra, el psicoterapeuta, el nutricionista, etc.

Desde el área de la psicoterapia, resulta evidente que las emociones reprimidas suelen expresarse bajo la forma de somatizaciones, a través del cuerpo.  Tienen una importancia particular aquellas emociones que tienen que ver con agresión y resentimiento, de origen generalmente inconsciente, y que provienen de huellas muy tempranas de la vida.

Otro vector importante en la génesis de la fibromialgia proviene del aprendizaje de la experiencia del dolor.  Por ejemplo, podríamos haber visto desde pequeños que nuestra madre o padre reaccionaban con intensidad exagerada a los golpes o lesiones.  Esto nos puede llevar a vivir el dolor con similar desproporción.  Igual sucede si hay una sobre-preocupación de nuestro entorno ante alguna lesión que tuvimos cuando niños. Importa, entonces, el entorno emocional en la conformación de la naturaleza de la reacción dolorosa que cada quien tiene sobre una molestia, en este caso, músculo – esquelética.

En el proceso de la cura, importa también la reacción del entorno. Más allá del abordaje terapéutico de la dolencia, importa la actitud comprensiva de quien asume el tratamiento.
A menudo se observa que las personas con estos padecimientos tienden a sobre-exigirse, a no aceptar fácilmente ayuda de los demás, incluyendo el solicitar afecto o caricias. Por este motivo, suelen enojarse con la molestia física antes que tratar con buena disposición el problema. Quizás la tarea a emprender desde la psicoterapia tenga que dirigirse a modular los afectos y, en particular, las posibilidades para la relación afectiva con los demás, especialmente con la pareja y los hijos.


2015 08 21 El autocontrol

Hablamos de autocontrol cuando nos referimos a la capacidad de una persona de manejar sus impulsos y emociones dentro de un rango conveniente para los fines de su coexistencia social y, en particular, para su sobrevivencia. El autocontrol es producto del aprendizaje a través de la experiencia personal en la interacción con el entorno desde los momentos más tempranos de la vida.

El autocontrol inicia su desarrollo desde las primeras relaciones con la madre, quien funciona, entre otras cosas, como reguladora de las intensidades de la emoción, en particular en la atenuación de la experiencia del miedo y del estrés derivado de la  vulnerabilidad del bebé.

La efectiva y oportuna regulación de las emociones del bebé influye decisivamente en la forma en que se va desarrollando su cerebro y en la organización de su red de enlaces entre las neuronas, de su trama sináptica cerebral, algo así como el cableado de las conexiones que van organizando los reflejos básicos de sus respuestas frente a las circunstancias de peligro tanto como a las de búsqueda de aquello que le resulta necesario o deseable.


Lo que al principio fue sostenido por la interacción con la madre, pasa luego a ser sostenido por el propio individuo. Se va produciendo un aprendizaje que sedimenta en las estructuras cerebrales correspondientes y el individuo empieza a funcionar sin la ayuda externa (que no deja de ser requerida, pero ya no de manera indispensable). Es, entonces, cuando podemos hablar de autocontrol.

2015 08 18 Para entender al borderline


Con cierta frecuencia escucho decir: “tengo una amiga que es borderline”. A veces porque ellos mismos han hecho el juicio, ya que, al parecer, los diagnósticos clínicos tienden a popularizarse. Igual que la semana pasada, cuando hablábamos de la bipolaridad, con la cual, dicho sea de paso, la personalidad borderline suele confundirse. Cabe, entonces, hacerle un sitiecito en el programa para precisar mejor, en lo posible, de qué se trata este cuadro.

En realidad, es un cuadro de muchos rostros, pero que tiene un común denominador que es la inmensa sensibilidad que presentan ante los acontecimientos de la vida, en particular en relación a la vida en pareja y a la convivencia en general.

Alternan momentos en que funcionan de manera totalmente “normal”, para pasar, de pronto, a manifestar reacciones fuera de lugar, desproporcionadas, a veces totalmente contradictorias con lo que acaban de proponer.

Tienen cambios igualmente radicales en sus puntos de vista u objetivos.

Suelen dejar de llevar adelante sus objetivos por su baja tolerancia a la frustración, pero la forma en que lo expresan es que “ya no les interesa” o simplemente lo miran con desprecio. Esto los muestra como muy inestables y confusos.

Suelen tener mucha dificultad para controlar sus impulsos, por lo que actúan antes de pensar o en contradicción con lo que pudieran haberse propuesto. Esto muchas veces lo llevan al terreno de las relaciones afectivas y aparecen como muy volubles, cambiando de pareja o mostrando una gran inestabilidad con una misma pareja, con la que oscilan entre el anhelo de estar muy juntos (lo que tampoco soportan, porque lo sienten como intrusivo) a la vez que pelear por cualquier motivo que sugiera que el otro ha tomado distancia.

Suelen exagerar el registro de las afrentas, buscando prevalecer desde sus puntos de vista.  Esto las lleva a pelear, a discutir de tal manera que sienten que el otro lo único que busca es darles la contra.

Suelen tener episodios de agresividad intensa y hasta violencia; y, luego, suelen arrepentirse y buscar a la pareja agredida con desesperación, sintiendo el abismo del abandono. Por cierto, luego de prometer no volver a hacerlo, incurren en nuevos episodios. Su carencia afectiva es tal que tienden a aferrarse dramáticamente a la otra persona.  El abandono lo viven como un desgarro doloroso e intolerable, por lo que les es difícil separarse o hacer duelos.

Suelen tener multitud de síntomas, pánico, angustia, fobias, obsesiones, episodios de delirio, depresiones, histrionismo, manipulación, victimización, etc.

Su nivel de confusión incluye su propia identidad; es como si fácilmente se desenfocaran de sí mismos. Con facilidad pueden ingresar en el terreno del “vale todo”, funcionando como bisexuales y, muchas veces, promiscuos. Todo ello se da, en realidad, como producto de sus confusiones.

Constituye un reto muy grande para la familia lidiar con ellos porque suelen ser sumamente hábiles para manipular y movilizar las culpas de los padres, a quienes tratan de hacerles “pagar” los errores reales o fantaseados en que éstos pudieran haber incurrido durante su infancia.


En los últimos años, se ha comprobado que el tratamiento ideal para sus dificultades es la combinación de psicoterapia y psicofármacos.

2015 08 11 Mi pareja es bipolar

Nos interesa presentar un tema que se escucha cada vez con más frecuencia en las conversaciones sociales: “Es bipolar”, se dice, en una suerte de diagnóstico popular, para describir a una persona cuyos estados de ánimo cambiantes suelen ocasionar  un problema a la hora de relacionarse con otros, porque no muestra la estabilidad emocional que se esperaría y, muchas veces, no sabemos cómo manejarnos frente a estas emociones cambiantes.

Como es natural, todos tenemos oscilaciones en el ánimo a lo largo del día o de la semana… Las alegrías y frustraciones son los resultantes de nuestra interacción con los demás y con nosotros mismos. En el caso de la bipolaridad estas oscilaciones del ánimo son mucho más intensas y escapan totalmente a las posibilidades racionales de manejarlas. Se habla de un espectro bipolar en función de los diferentes grados en que estas alteraciones del ánimo pueden expresarse. En un extremo veremos las expresiones de la exaltación eufórica y en el otro la depresión más profunda.

Un punto extremo de la exaltación se conoce como manía.  Se caracteriza por una persona en hiperactividad, fuera de control, con una exacerbación de sus pensamientos y sentimientos, eufórica y muchas veces con un sentimiento de omnipotencia y hasta delirante (dueña de una “verdad”). Puede presentar, también, agresividad y otras alteraciones en el terreno del pensamiento y las demás funciones mentales. 

El otro polo del bipolar, el de la depresión, supone predominantemente un decaimiento físico y mental, con un total retraimiento social y laboral, en medio de sentimientos profundos de dolor y tristeza.

Vale la pena saber que, cuando nuestros seres queridos tienen oscilaciones del ánimo que los hacen (y nos hacen) sufrir, ocasionando problemas en la relación, el trabajo y la vida en general, es indispensable comprender que se trata de una alteración psiquiátrica y psicológica que, más allá de posibles reacciones emocionales y morales que pueden movilizar, requieren una consulta con un especialista, quien será el único autorizado a diagnosticar si se trata de una bipolaridad o si se trata de alguna otra alteración psicológica que se le parece, como, por ejemplo, un trastorno borderline o alguna forma de esquizofrenia.

En lo cotidiano, podemos encontrar contrastes en la expresión afectiva de nuestras parejas debido a razones propias de una sensibilidad excesiva o a formas ambivalentes de expresarse (tipo amor-odio), debido a problemas inconscientes que han generado una personalidad que no deja de estar a la defensiva y que se muestra muchas veces como contradictoria. Suelen ser huellas de problemas de la infancia temprana, huellas de la relación con los padres y las circunstancias que les tocó vivir.

2015/08/06 ¿Se puede amar a dos personas a la vez?

Este es un tema en el que confluyen lo biológico, lo personal y lo social. De hecho, es un asunto que, de manera recurrente, aparece en la consulta, las más de las veces en medio de situaciones de conflicto. Es frecuente escuchar comentarios como “Me he enamorado de una chica de la oficina, doctor, pero yo quiero a mi mujer”.  La asociación inmediata es que la presencia de una nueva persona en el panorama emocional o sexual pone en peligro el vínculo con la otra.

Y es que, de alguna manera, es así, especialmente cuando la nueva relación evoluciona hacia un anhelo de compromiso y de intercambio e influencia emocional, que hacen deseable que este vínculo persista indefinidamente. Es entonces cuando, dada nuestra visión social, cultural o moral, tenemos que optar… por separarnos de nuestra pareja o mantener la relación con ambas personas, en las condiciones muchas veces culposas y difíciles en que este triángulo se desarrolla.

También, como lo presentaba hace un tiempo un personaje que se hizo muy mediático, se puede mantener una relación paralela, aceptada por todos los miembros participantes.  Este personaje, por ejemplo, decía convivir con cinco mujeres, tratar a todas con igual afecto y mencionaba que entre ellas no habían mayores conflictos… que se llevaban bien. Por cierto, en algunas culturas, esto es aceptado socialmente.

Para algunas personas, la relación de amantazgo ha sido un refugio de equilibrio a la relación de familia en el que la maternidad o simplemente el desgaste del tiempo ha disminuido el componente del deseo sexual por la pareja, mas no el sentimiento de amor o aprecio personal en el que la estabilidad y la armonía predominan.

Dos formas de amor, en tanto así, pueden coexistir: el amor sexual y el amor familiar; el de la apuesta en el tiempo y el anhelo de compartir el afecto de los hijos y la mutua compañía.
De hecho, he podido escuchar en consulta muchas variables.  Incluso, algunas personas mantienen relaciones sexuales simultáneas con la misma satisfacción e intensidad y otras, también, son capaces de mantener vínculos de amor con ambas parejas, vínculos que perduran en el tiempo, sin sentimiento de oposición.

El tema de la monogamia no parte de un principio biológico humano; no está en nuestro patrón genético, por lo menos, no eso de “hasta que la muerte nos separe”. La monogamia es una decisión; surge de nuestra renuncia a funcionar de manera polígama, aunque la poligamia o poliandría sean un potencial  al que nuestra sociedad nos educa a renunciar. Suele ser que, quien es capaz de optar por la monogamia tiene un mayor grado de diferenciación como para trascender el impulso biológico.  Digamos que esto puede ser un signo de madurez en el entendimiento de una mayor posibilidad de sostener los mandatos sociales de manera equilibrada.

La poligamia, ejercida de manera impulsiva, propia del emergente juvenil, puede corresponder a una etapa de la vida.  Aún así, puede ser también  indicio de una conducta en la que no se regulan los impulsos, de una personalidad con dificultades para controlarse y organizarse de manera equilibrada; es decir, puede ser una conducta más bien promiscua y ajena a las características propias del amor, en donde verdaderamente existe un otro con el que uno se relaciona.

Puede ser expresión, incluso, de una incapacidad para amar a otro, de formar un vínculo de intimidad, más allá de tener relaciones sexuales. Encontramos el caso de los pseudo enamoramientos, en los que lo frecuente es que exista la vehemencia pero nada de profundidad, aunque persistan en el tiempo. Son vacíos que tapan vacíos con el revestimiento de una intensidad que es propia de la necesidad antes que de un verdadero deseo.



2015/08/07 El miedo a la muerte

La muerte es un hecho ineludible: de todas maneras, alguna vez, nos vamos a morir o van a morir nuestros seres queridos. Es una ley de la vida, con determinantes biológicos que tienen que ver con la preservación de la especie y la evolución de la misma.

La muerte es, sin embargo, uno de los marcadores más intensos de nuestra actitud ante la vida. Nacemos en circunstancias de vida o muerte y si falta quien nos acompañe en estos particulares momentos, (la madre en particular) podemos arrastrar el resto de nuestras vidas un trastorno de angustia que de manera esporádica o permanente nos moviliza el sentimiento de que nos vamos a morir.

Como ejemplo, puedo citar lo que ocurre cuando nos viene una crisis de pánico: la persona siente que en ese mismo instante se va a morir y todo su cuerpo se comporta como tal. Esta angustia de muerte le acelera la respiración, le provoca taquicardia, sudoración, hasta puede orinarse en total descontrol del sostenimiento de sus funciones fisiológicas. Casi siempre esta angustia va de la mano del sentimiento de desamparo; esto se explica, también, porque el bebé, al inicio, si no tiene quién lo proteja está expuesto a que algún depredador lo pueda matar. El marcador más importante que dispara la angustia de muerte son los traumas de los primeros meses de la vida.

Luego, con el ingreso a la vida infantil y luego la adultez, aprendemos los patrones culturales  que nuestro entorno mantiene respecto a la muerte; así, la podemos ver como una tragedia, como algo terrible que moviliza angustia o considerarla como un proceso natural, como parte de la vida. Incluso, podemos ver la muerte como un pasaje a otro nivel espiritual, a otra dimensión de existencia. Visto así, la persona que muere puede habitar “otra vida” en paz o ajena a su propio dolor humano e, incluso, que puede acompañarnos.

En familias que padecen de formas de ansiedad suele ocurrir que la reacción, a veces ante la sola ausencia momentánea de uno de sus miembros, es entendida como que “algo le pasó”, “seguro tuvo un accidente” o “se murió”. Es esa angustia que subyace en el inconsciente, la de las huellas más tempranas de la ausencia o del sufrimiento cuando bebés, la que dispara la primera lectura de lo que pasó, que es casi siempre totalmente irracional y tiene distinta proporción de acuerdo al grado de afectación de la persona.

En algunos casos, se configura una verdadera fobia ante la muerte o todo lo que tenga que ver con ella. Una persona puede no tolerar ni siquiera ver un funeral, ni enterarse de que alguien se ha muerto, sin sentirse afectado. Son casos en los que, además, puede sumarse una pauta obsesiva, por ejemplo, que después de darle la mano al deudo que ha perdido a un pariente, tenga que lavarse compulsivamente para limpiarse de la contaminación mortal… Por cierto, son casos en los que estas personas ineludiblemente tienen que visitar a un especialista, ya que requieren tratamiento, sea con medicamentos o psicoterapia (lo mejor suele ser una combinación de ambos).


Es una gran paradoja el hecho de que las personas afectadas por este sentimiento suelen perderse la oportunidad de vivir plenamente. En realidad, marcados así por el temor, por la angustia generalizada, no viven, más que nada sobreviven, la vida cotidiana también les causa temor, hacer vínculo anticipa siempre el temor a perder a la pareja, lo cual convierte en una tortura entrar en relación afectiva con alguien… a quien luego pueden perder.