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2015 05 15 Mi hijo adolescente

Un grupo de padres de adolescentes de un conocido colegio, me invitó a dialogar sobre cómo manejarse ante el reto de los cambios propios de esa edad.

Me agradan estas iniciativas: padres que buscan informarse, reflexionar, encontrar respuestas…  Al parecer, se reunían con frecuencia; imagino que en función de las diferentes actividades que tienen que ver con sus hijos y el colegio. Comentaban que suelen ser los mismos de siempre, que una gran mayoría se mantiene a distancia de la convocatoria. Esto me recuerda mi propia experiencia en el grupo de padres que nos reuníamos a propósito de la organización de actividades de nuestros hijos y de sus compañeros de colegio… Parece ser una constante: unos pocos siempre se interesan mientras que una mayoría mantiene distancia o no se involucra. Creo que el país camina de manera parecida.

Bueno, el hecho es que la tendencia general en este grupo es a preocuparse y anticipar los múltiples riesgos a los que se pueden ver expuestos sus hijos. Conversamos acerca de cómo nuestros hijos adolescentes nos muestran en buena medida cuánto logramos, como padres, desarrollar una autoridad basada en el respeto mutuo y el reconocimiento de la coherencia y sinceridad de nuestra conducta.

Tiene que haber una cuota de confianza, de escucha verdadera, y estar en posición de entender las circunstancias y el sentir de nuestros hijos, reconociendo el momento por el que están atravesando, de crecimiento y necesidad de autoafirmación, de poder cometer errores que ellos mismos puedan resolver con o sin nuestra ayuda. Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés, señala que el arte estriba, no en estar permanentemente preocupados sino en ocuparse de la resolución de las dificultades.

Estamos comprometidos a sostener los límites, allí donde percibamos que ellos no pueden sostenerlos, pero sin recurrir a la condena o la sanción punitiva sino integrando la reflexión de lo que puede estar pasando con nuestros hijos adolescentes y cómo pueden sentirse. La adolescencia de nuestros hijos nos enfrenta a ejercer nuestra autoridad, no desde el poder de la fuerza sino integrando nuestra madurez sensible, recordando nuestras propias épocas de adolescentes y cómo nos sentíamos.

Saludablemente, se requiere, también, examinar cómo nos sentimos nosotros mismos.  Algunas veces, nos incomoda el que no tengamos sobre ellos la autoridad como cuando eran niños y nos perturba el sentimiento de impotencia ante la dificultad de encontrar respuestas alternativas y creativas, más elásticas, a la vez que coherentes y consistentes.

Es importante que nuestros hijos adolescentes sepan que cuentan con nosotros, que nuestra autoridad y puesta de límites no inhibe el diálogo ni la negociación de acuerdos, de permisos ni de su necesidad de “exploraciones en la vida”; que puedan cometer sus propios errores aprendiendo a enfrentarlos con responsabilidad, buscando respuestas y soluciones por sí mismos pero, a la vez, sabiendo que, si no pueden solos, podrán recurrir a nosotros o a alguna persona de su confianza con la que puedan abrirse.

Un pecado frecuente que cometemos es el de sobre-protegerlos, hacerles la vida demasiado fácil y, a veces, favorecer en ellos una actitud de poca responsabilidad, con todos los derechos y pocas obligaciones.

No perdamos de vista el hecho de que vivimos en una sociedad enferma, llena de autoritarismos pero con una autoridad endeble que tenemos que fortalecer. Se requiere, de parte de las autoridades y de la sociedad en general, un mayor control de los espacios a los que pueden concurrir los adolescentes, espacios que, por ejemplo, no promuevan el expendio y consumo de alcohol y drogas. Esto, sin perder de vista la importancia de nuestro propio ejemplo de comportamiento ético. No podemos esperar que hagan lo que decimos si nosotros hacemos lo contrario, si no somos coherentes y consecuentes con lo que proponemos como norma.

Otro espacio a tener en cuenta es la elección de un colegio para nuestros hijos donde se eduque en la reflexión, en la responsabilidad, en la disciplina, orientándolos hacia la excelencia no forzada, donde se inculquen valores y se reste espacio a la figuración banal y a la propuesta consumista de marcas y posesiones; que el lugar donde estudian nuestros hijos fomente lazos y aperturas afectivas y no promueva diferencias y exclusiones provenientes del dinero, de la raza, de la belleza física, del origen social, etc.

Bueno, mucho hay que revisar sobre este tema y es fundamental examinar el mundo en que vivimos, la forma en que nos estamos relacionando, y darnos cuenta de cómo, desde la crianza del bebé, ya se está fallando en la configuración de sus relaciones afectivas.  La empatía hace agua porque hemos perdido buena parte de la forma natural y saludable de criar a nuestros infantes, dejándonos llevar por una forma de crianza “responsable” que, en realidad, lo que hace es poner el énfasis en el confort o la economía.

Vemos cómo, muchas veces, pensamos que nuestra autoestima depende de lo que tenemos, mostramos o pretendemos ser y no de lo que humanamente somos. Alguna persona, de este grupo con el que me reuní, mencionó la enseñanza recogida desde una novela en  la que se apreciaba el valor de dejar el asidero del poder del dinero para rescatar el valor del sujeto como persona sensible. 


Después de tan ameno encuentro, me sorprendió recibir un regalo. Supongo que algo de gratitud es inherente al gesto y, por cierto, yo también estaba agradecido por el honor de la invitación.

2015/02/20 Divorcio o separación

Resulta alarmante observar la frecuencia con que las parejas quiebran su matrimonio precozmente. Es como si la construcción de la relación no contara con la suficiente madurez y tolerancia, necesarios para remontar las insuficiencias y defectos que suelen aparecer a la hora de convivir. Muchas veces el problema es visto con la filosofía de una economía de descarte “no funciona, entonces, ¡chau!”, como ocurre con la mayoría de los utensilios de nuestra moderna sociedad de consumo.

Es obvio que, como garantía de un matrimonio bien avenido, se parta de una buena elección de pareja, que no haya forzamiento en el compromiso asumido, que se tenga una noción básica de compatibilidad de caracteres, al igual que una sólida autoestima, de manera que cada quien no dependa en exceso del afecto del otro para ser feliz.

Ambos necesitan de una suficiente tolerancia a la frustración y de la capacidad de postergarse a favor del otro, sin llegar a extremos de sometimiento. Es importante también, diría indispensable, no sentir necesidad de dominio o control sobre el otro.

Es frecuente que un punto de quiebre se dé en el momento en que alguno de los dos pretende “tener la última palabra”, perdiéndose toda posibilidad de diálogo y estrangulándose en discusiones sin otra finalidad que prevalecer, que demostrar a toda costa que se “tiene la razón” (que es justamente cuando la razón puede empezar a perderse).

Un problema que se convierte en el inicio del tobogán de la ruptura es cuando se empiezan a perder el respeto; más aún, cuando aparecen reproches o insultos, perdiendo la perspectiva de cuan hondo pueden herir al otro, con  actos o  palabras, especialmente cuando esto no va seguido por algún gesto de reparación o disculpa. Ni qué decir de la violencia, sea ésta física o verbal, del desenfreno de las acciones sin control, lo cual termina por destruir hasta el lazo más consistente.

Cuando el engaño, la mentira, la deslealtad, la infidelidad, el uso oculto de drogas y demás, como el alcohol, se suman a la irresponsabilidad, no hay marcha atrás. La quiebra se da por descontada a corto, mediano o largo plazo.


A veces, la ruptura se asume después de desgastantes intentos de mantenerse a flote, particularmente cuando   hay niños de por medio o cuando tenemos rasgos que nos llevan al aferramiento a como dé lugar. Es en estas circunstancias en las que podemos apreciar separaciones sin divorcio: las parejas siguen juntas sin otra razón que el temor de separarse; el espanto ante el supuesto desamparo o la baja autoestima sirven de colchón a una continuidad estéril sin solución.

2015/02/16 Angustia y pánico


Hace un tiempo circulaba un chiste, entre los varones, que decía que angustia es cuando fallas por primera vez la segunda y pánico cuando fallas por segunda vez la primera.

En realidad, la angustia es un cuadro que ha trascendido los niveles normales del sistema de alerta ante un peligro o algún reto importante que pone en jaque las capacidades del sujeto para resolverlo.  

Angustia es un conjunto de manifestaciones físicas y psicológicas, emociones emparentadas con el miedo y manifestaciones físicas, como taquicardia, sudoración “fría” intensa, sofocos, escalofríos, sensación de falta de aire, aceleración intestinal, tensión muscular, a las que se agregan falta de sueño o dificultad para dormir, ideas fijas, temor a fracasar… y un largo etcétera.

El pánico comparte  las características anteriores pero en un nivel de intensidad mayor, al punto de perder el control de la emoción y no poder conectarse con otra cosa que no sea esa intensa angustia que inunda todo.

El pánico implica una sensación de impotencia y desorganización a la que acompaña una sensación de muerte inminente, casi siempre ligada al síntoma de taquicardia y de asfixia, a las que suele sumarse un dolor en el pecho, que en medicina se denomina “angor pectoris”. 

El episodio de pánico suele ser agudo, aparece en circunstancias sin mayor relación con estas emociones y, a veces, es una reacción absolutamente desproporcionada que explota ante un estímulo que usualmente no ha sido perturbador, por ejemplo, un problema en el ascensor o ir caminando por una calle oscura.

Ambos, la angustia y el pánico, pueden aparecer como un episodio único, y no volver a aparecer.  Pero, en tanto es un signo importante de un desequilibrio en la persona, más vale recurrir a un profesional para indagar sobre sus causas.

A propósito de las causas, cabe saber que cada individuo, a lo largo de su historia, va pasando por momentos y experiencias que dejan huella en el inconsciente.  Algunas veces esas huellas han tenido el carácter de traumático y, cuando surgen la angustia o el pánico, es una buena oportunidad para intentar resolverlo.

2015/02/16 Patología Bipolar


Antiguamente se solía usar el diagnóstico de “maníaco depresivo” para nombrar una alteración caracterizada por oscilaciones intensas y profundas del ánimo.  Este diagnóstico ha devenido en “trastorno bipolar”, complejizándose en variables y matices que los manuales de diagnóstico reformulan con frecuencia. 

Éste es el más severo de los trastornos del afecto y, en origen, tiene una relación muy directa con la predisposición genética.  Existen familias en las que la incidencia de este mal puede alcanzar a un amplio espectro de sus miembros.

En los polos de esta bipolaridad encontramos, en un extremo, a una persona con exagerada exaltación del ánimo, hiperactiva, con sentimientos desbordantes de grandiosidad, que pueden expresarse como un delirio místico.  En ese estado pueden mostrarse tercamente vehementes, dominantes, sin conciencia de límites: la omnipotencia no se los permite ver.  Por ello, pueden tener conductas sumamente arriesgadas, insólitas y totalmente fuera del sentido común.  En oportunidades, pueden tornarse agresivos, particularmente si se les contradice, y pueden emprender riesgosas “misiones”, abandonando casa, trabajo, familia, etc. En otros casos, se pueden mostrar excesivamente “generosos”, regalando bienes propios o ajenos. 

En el otro polo, encontramos a personas profundamente deprimidas, al punto de carecer de la energía mínima vital para emprender no sólo las tareas cotidianas sino hasta para levantarse de la cama.  Todas sus funciones se enlentecen, su ánimo es gris, pesimista.  Suelen expresar un dolor profundo, que llega a ser físico.  No es infrecuente que en estas circunstancias sus pensamientos se pueblen de deseos de morir e ideas de suicidio que, dada la falta de fuerzas, no llevan a cabo.  Respecto a lo anterior, cabe advertir que una paradoja es que al ir mejorando del estado depresivo es posible que materialicen tales ideas de suicidio.

Se ha podido observar que hay personas que combinan en distintos grados la depresión y la manía. Los dos polos suelen presentarse por períodos alternados.   En otros casos, sólo se presenta uno de los dos polos extremos que hemos descrito.

En ambos casos, es indispensable iniciar un tratamiento radical que, en la mayoría de las veces, puede requerir de un internamiento, dado el riesgo de muerte implicado. 

Felizmente, al presente, el trastorno bipolar es controlable con el uso de psicofármacos y viene bien algún apoyo terapéutico que contribuya a sostener la regulación emocional que suele contaminar la estructura de la personalidad.

Hay, también, estados intermedios, como en el caso de la hipomanía.  Esta es una exaltación del ánimo sin la severidad del trastorno anterior. 

2015/02/16 Trastorno Borderline

En los últimos años, se escucha con bastante frecuencia de personas diagnosticadas como “borderline” y vale la pena precisar lo mejor posible de qué se trata esta patología.

Para empezar, no hay un solo tipo de “borderline”, como no hay un único tipo de ansiedad, depresión o cualquier otro tipo de patología.

Cuando hablamos de la patología “borderline” nos referimos a una alteración de la personalidad que se manifiesta por compartir rasgos de comportamiento totalmente normales con momentos de alteración que, en algunos casos, llegan a una suerte de locura transitoria, la cual, con alguna ayuda, puede rescatarse hacia un funcionamiento normal.

A la par que estas alternancias en su funcionamiento, los “borderline” suelen tener momentos de confusión y, debido a ello, a veces grandes contradicciones en relación a sí mismos o al mundo, lo cual los hace ser percibidos como ambiguos o desconcertantes.

Sus emociones suelen ser volátiles e intensas a la vez, pudiendo cambiar de una expresión amical hacia una posición totalmente opuesta y hostil simplemente por un pequeño malentendido, muchas veces producto de su propia confusión.

Suele ser muy difícil ser pareja de una persona “borderline” o tener un hijo o hija con esta patología, particularmente si uno se enreda en las emociones desbordadas o si se desespera ante su frecuente ruptura de los límites.  La verdad es que es realmente difícil la convivencia. 


Esta patología requiere de mucha paciencia y, en la mayoría de los casos (si no en todos), es indispensable la ayuda profesional.  Les viene bien una psicoterapia y, mejor aún, si paralelamente toman algún medicamento que contribuya a su regulación emocional y a su control de impulsos.

2015/02/16 El estrés


Si bien hablamos corrientemente de estrés, es posible que no conozcamos a cabalidad su significado, sus implicancias y lo indispensable que es aprender a manejarlo.

El estrés implica un estado de tensión general (física, emocional y mental) frente a un problema cualquiera (puede ser desde algo insignificante hasta un gran peligro) que la persona tiene que enfrentar y/o resolver. 

En tanto así, hay un nivel normal del estrés que nos sirve para la vida, ya que nos permite, como decía mi abuelita, “usar los cinco sentidos” y resolver la situación.   La resultante natural del uso efectivo de nuestra capacidad de resolver problemas es la confianza en uno mismo y una razonable estima personal.

Cuando la situación de estrés se prolonga demasiado se producen una serie de consecuencias, comenzando por la fatiga, dificultades de concentración, fallas en la memoria, irritabilidad, pérdida de control de impulsos, ingesta compulsiva de drogas, alcohol o alimentos, hasta un punto en que el sujeto puede llegar al colapso total, que suele llamarse “surmenage” o “burnout”.   Una consecuencia más lamentable aún es que aparecen problemas físicos, como infartos, hipertensión, gastritis severas y, por ahí, también, accidentes cerebro vasculares (derrame cerebral).

Cuando el estrés es intenso y violento podemos tener como consecuencia lo que se llama estrés post traumático, resultado de la quiebra de los recursos naturales de protección emocional, con el correlato de una total impotencia de la persona para resolver la situación.  Un ejemplo de esto puede ser lo que ocurre en las guerras, con los combatientes o las víctimas, a quienes les cuesta recomponerse, quedándose “pegados” a las emociones que les tocó vivir, las que resurgen incontrolables, casi como una alucinación.  Les resulta muy difícil reconectarse con el mundo, con la vida, presentando distintos niveles de alteración en casi todas sus funciones mentales.

Esta condición la encontraremos, también, en personas que han sufrido abuso, maltrato o abandono en la primera infancia.  Sin embargo, esto, que podría aparecer como menos espectacular, es más insidioso y compromete la estructura misma de la personalidad, alterando la comunicación, el vínculo, el compromiso y la capacidad de regular las emociones.

Un viejo dicho señala que “es bueno culantro pero no tanto” y esto se aplica para el estrés.  Es bueno siempre que lo podamos manejar.  Los problemas empiezan cuando el estrés es el que nos maneja a nosotros.  Si ya nos hemos acostumbrado tanto a su presencia que ni prestamos atención a los avisos de sus efectos nocivos, seguramente será un doctor de medicina, cardiología, neurología quien nos diga “necesita revisar cómo está viviendo o trabajando”.  Es, entonces, que lo oportuno es recurrir a la ayuda de un psicoterapeuta y/o de un psiquiatra para poder regular el manejo del estrés logrando llevar una vida más feliz.

2015/02/13 La esquizofrenia

Podríamos hablar más bien de “las esquizofrenias” porque éstas tienen diferentes expresiones y grados de compromiso del funcionamiento mental.  El comienzo de la enfermedad suele ser relativamente precoz, generalmente debuta en la adolescencia, confundiéndose algunas veces con las conductas propias de esa etapa.

En los inicios, suele haber retraimiento, un “apagamiento” de las emociones, conductas e ideas extrañas, muchas veces religiosas, y orientaciones hacia temáticas a menudo incongruentes, sostenidas con convicción, lo que ya le confiere una tonalidad obsesiva, reiterativa y, a veces, delirante.   

Cuando se instala ya como enfermedad, pueden aparecer alucinaciones auditivas, sentimientos de persecución, a veces sutiles, como que la gente los observa, los mira o habla de ellos. Esto suele acompañarse de ideaciones, como que las personas los envidian, les quieren hacer algún daño, ejercer su influencia sobre ellos, etc.

A partir de esto se va instalando un paulatino rompimiento con la realidad, manejándose frente al mundo sobre la base de estas ideas y sentimientos.  Es decir, se retraen sobre sí mismos. 

En el extremo del rompimiento con la realidad está también el de la ruptura de los lazos familiares, sintiendo a los familiares como amenazantes.  Esto, sumado a una respuesta poco comprensiva de los familiares, deriva en que los veamos deambulando por las calles, carreteras, viviendo en covachas, de manera precaria, acompañados o torturados por sus delirios.

Lo más importante en relación a la esquizofrenia es considerar que el diagnóstico mientras más precoz sea mejor pronóstico tiene, por supuesto, si es que es seguido por la instauración de un tratamiento de por vida.  Este tratamiento permitirá el control y atenuará el deterioro que suele darse en estas enfermedades.

La esquizofrenia suele tener como antecedentes a familiares que también la han padecido. Es decir, existe una predisposición genética.  A esta predisposición suele sumarse un entorno familiar disfuncional.  Alguna vez se consideró que estos pacientes tendrían una madre “esquizofrenógena” (una madre que da mensajes contradictorios, confusos y con sentimientos encontrados respecto a su hijo o hija).

Actualmente, se ha avanzado mucho en la elaboración de medicamentos para controlar esta enfermedad, lo que hace que el pronóstico sea muchísimo más alentador que hace 20 años.


2015/02/13 La histeria

Suele ser que cuando una persona se comporta de manera tal que de pronto se altera, grita, se muestra sensible, reclama, chilla, patalea, llora, quien la acompaña o asiste le dice “te has puesto histérico/a”.

Esta emotividad tiene mucho que ver con una sensibilidad proclive a llamar la atención de las personas con quienes se relacionan y de quienes esperan manifestaciones de afecto, aprecio y cariño.

En grados menores o incluso “normales” puede ser que las personas histéricas siempre se las ingenien para acaparar la atención con formas que van desde mostrarse locuaces, sumamente atentas, seductoras, hasta formas más bien llamativas en el vestir, en el actuar, en el bailar, que hacen poco menos que imposible no fijarse en ellas.

Un comportamiento histérico, entre otras razones de fondo, esconde algún tipo de conflicto infantil que no le facilita a la persona el sostenimiento de una pauta sexual madura o una relación estable.

Muchas veces hay una sexualidad teñida de expectativas infantiles, por lo cual se afectan con mucha facilidad si es que no reciben atenciones que, a veces, nos pueden parecer absurdas y que no logramos atender.  Dado que es tan corriente este impase en la comprensión, a veces llegamos a pensar que ciertamente son incomprensibles.

Detrás de una manifestación histérica hay grados de organización de la persona.  Algunas, pueden tener un comportamiento predominantemente infantil, con poco espacio para un comportamiento adulto; en otras puede haber un comportamiento predominantemente adulto con algún rasgo infantil que perturba medianamente el desarrollo de una intimidad.

Suele ser que se relaciona a la histeria con problemas sexuales y es probable que esto fuera absolutamente cierto a comienzos del siglo pasado.  Lo que observamos al presente es que predominan los casos en los que la demanda de fondo es la del reconocimiento, el cual la persona no logra encontrar por sí misma.  Suele ser que en la infancia este reconocimiento no se dio de manera saludable por parte de los padres.

Este tipo de problemas alrededor de la histeria y en general de estas sensibilidades que adoptan estos ropajes dramáticos son los que más se favorecen cuando estas personas buscan ayuda psicoterapéutica. 

Comprenderse, resolver situaciones del pasado, suele ser más accesible en tanto conservan mucho de salud potencial, que generalmente ha permitido que en otras áreas de la vida hayan logrado éxito y un mayor equilibrio adaptativo.

2015/02/11 La necesidad de controlarlo todo


Desglosando el enunciado, detengámonos en el sentido de la “necesidad”.  La necesidad puede tener, como es de suponer, variables, desde una necesidad leve, cotidiana, natural , hasta una necesidad intensa, acuciante y perentoria. 

Toda necesidad requiere de un trámite para resolverla y esto requiere, a su vez, de un cierto control y regulación.  La tolerancia respecto de la necesidad nos permite postergar su satisfacción.  En tanto así, si la vivencia de la necesidad no es sentida en grado sumo  el control de la misma no aparece tan indispensable.  Hay una regulación natural que no requiere mayor esfuerzo.  Este suele ser el caso de una persona que ha logrado desarrollar en la vida un sentimiento de confianza básica y que no vive la necesidad como una amenaza.

Las personas que, frente a sus necesidades humanas, movilizan un gran despliegue de control, a veces hasta por el mínimo detalle, desde la limpieza, el orden, el dinero y, más aún, en las relaciones con los demás, actúan así porque la vivencia de la necesidad moviliza en ellos alguna experiencia, generalmente de la infancia, en la que se han sentido incapaces e impotentes para resolver una necesidad, que en ese momento les resultaba imprescindible.  

Quizás un tema frecuente, adicional, a comentar, es que su necesidad de control no les deja mucho margen para la libertad y el juego en las relaciones afectivas.  Es posible que, si algo se sale del marco o visión que tienen de las cosas, reaccionen con intensos sentimientos de rabia, cólera, frustración, oscilando entre no sentirse queridos o condenando drásticamente a quien ha faltado a la norma, escapando de su control.

Es posible observar que, en las condiciones vinculares en las que predomina  el control hay dificultades para amar.  Para estas personas, sumamente controladoras, la persona “amada” se convierte en indispensable y ellos se sienten siempre en riesgo de ser abandonados, por lo que el control está teñido de necesidades de posesión y de dominio,  cuando no de una posición demandante y sometida.

La otra cara de la moneda, pero que tiene el mismo trasfondo, es cuando las personas se sienten indispensables, responsables de todo lo que le pase al resto.  Son personas que “sin quererlo” generan tremendas dependencias hacia ellas, no permitiendo que las personas de su entorno crezcan y, menos aún, que se independicen.

Si se trata de entender por qué llegamos a portarnos así, la respuesta es que algún fallo en nuestros primeros tres años de desarrollo nos ha predispuesto a vivir “a la defensiva”.  En otras palabras, de esas fallas tempranas en nuestra primera infancia salimos adelante en realidad como “sobrevivientes”.  Es por eso que las personas que controlan mucho tienen dificultad para disfrutar de la vida. 


2015/02/11 La psicopatía


Casi desde sus orígenes, el cine y la televisión nos han reiterado la temática relacionada con el comportamiento gangsteril, criminal, en medio del cual aparecen personajes peculiares, con un perfil definido: están a trasmano de las normas sociales, su interés y codicia se nutren en las riberas de lo ilícito.  No tienen miedo a la muerte; se las ingenian para evadir el castigo, suelen corromper las estructuras más sólidas.  Por alguna razón, casi siempre termina siendo atractivo, para el espectador, ver estas películas (recordemos el éxito de “El Padrino”).

La psicopatía corresponde a una pauta de comportamiento que fundamentalmente ignora el sentir de los demás a favor de los propios intereses.  No importa el dolor o daño que pueda causar.  El psicópata recurre al engaño, a la seducción tramposa, al soborno, al chantaje… a ese amplio espectro que conocemos como corrupción.  Trata de satisfacer su insaciable codicia. Tiene un comportamiento hedonista, es decir, todo lo que es placentero y conveniente para sí mismo le importa por encima de cualquier otra consideración moral, ética o religiosa.

Lamentablemente, una de sus pautas tiene que ver con haber desarrollado un talento seductor y convincente, que se aprovecha de la ingenuidad bien intencionada. Suelen ser personas inteligentes o que dedican su inteligencia a desarrollar esquemas y formas de obtener poder sobre los demás, sin respetar ni los lazos familiares. 

Se puede observar un patrón genético en el origen de estas conductas pero también importa el entorno en el que han desarrollado; un entorno casi siempre disfuncional o al margen de la ley.

El psicópata no aprende de la experiencia de castigo; no deriva hacia actos reparativos en tanto no se arrepiente. Y, si algo aprende, será para mejorar sus formas o técnicas para “salirse con la suya”.

En tanto no tiene conciencia de su disfuncionalidad, no es alguien que solicite ni acepte ayuda terapéutica.  Generalmente la estructura social responde encarcelándolo, cuando le es posible, ya que no encuentra otra forma de protegerse de él.

Tengan presente que si una persona con este tipo de comportamiento visible nos muestra arrepentimiento y pide perdón, lo único que está buscando es engañarnos una vez más. Sólo un 25% de personas con algunas conductas psicopáticas se "aproximan" a la posibilidad de una ayuda terapéutica; el resto nos puede llegar a decir descarnadamente que no tienen nada que cambiar, que todo está bien con sus personas. 

Importa diferenciar psicopatía de conducta psicopática.  En una sociedad donde predomina la corrupción, la anomia y los valores colapsan, es posible llegar a pensar en una suerte de conducta psicopática generalizada, donde nadie respeta al otro y predominan los intereses personales.  Generalmente por esta vía sólo se llega al deterioro y a la destrucción del colectivo social.

La conducta psicopática es susceptible de mejorar y quienes están involucrados en este comportamiento pueden llegar a tener conciencia de la necesidad de reorganizar las pautas a favor del bien común.  Es ahí donde alguna terapia social, eventualmente personal, tiene cabida.

Un ejemplo simple de esta quiebra hacia la conducta psicopática la observamos desde la excesiva permisividad de muchos padres de hijos adolescentes, respecto al consumo de alcohol u otras drogas, bajo cuyos efectos está más que comprobado que se pueden producir las más variadas rupturas del orden y falta de respeto por el otro. En ocasiones, esto llega a configurar una oposición a las normas que los colegios intentan sostener, como es necesario y pertinente en el caso de los adolescentes.

Muchas conductas psicopáticas se justifican diciendo "todo el mundo lo hace", cuando se rompen las normas indispensables destinadas a salvaguardar el bienestar común.  Se trata, entonces, de cambiar el sentido de aquel “todo el mundo lo hace”, comprometiéndonos todos a respetar las normas, entendiendo su sentido.

2015/02/11 Las fobias


La palabra fobia viene del griego "fobos", que quiere decir “pánico”.  Descrita de forma genérica, una fobia es una reacción intensa, extrema, de miedo (pánico) frente a una situación o cosa a la que se adscribe irracionalmente un significado peligroso.

Existen múltiples expresiones de fobias pero las más corrientes se relacionan con situaciones que podrían generar algún temor.  La diferencia está en que la persona que padece de este trastorno las vive en forma extrema y con pánico.

Quizás una de las fobias más frecuentes es la del ascensor o al avión, a los espacios muy abiertos o cerrados, a algunos animales, como las ratas, las serpientes, a insectos, con un largo etcétera.

Hay, también, comportamientos fóbicos.  Se trata de personas que no toleran la cercanía personal o el compromiso y están siempre evadiéndose, en grados variables.  En el extremo de esto encontramos la llamada "fobia social” y/o “pánico escénico” (miedo extremo a estar frente al público).

Detrás de una fobia suele haber una historia en la que una situación generó en el individuo una sensación de impotencia e incapacidad de enfrentarla. Casi siempre, en el origen, se trata de un niño o niña expuestos a una situación de desamparo peligroso.  

Si bien mucha gente se acostumbra y sobrelleva sus fobias, el no resolver sus causas puede conllevar a que, con el tiempo, crezcan al punto de limitar la vida de una persona. 

Otra consecuencia importante de no atender estos problemas es que, por ejemplo, las madres enseñen o induzcan en sus hijos, mediante sus propios comportamientos, una serie de fobias.

A lo largo de los años y de ensayos terapéuticos, se ha visto que la mejor conducta a seguir en el tratamiento de una fobia es la combinación de recursos, entre los que se puede integrar de manera efectiva fármacos, terapia cognitivo-conductual y/o psicoterapia psicoanalítica.

2015/02/11 Obsesiones y algo más


No hace mucho, un paciente me hacía el siguiente relato: “Doctor, me lavo las manos veinte veces al día; no pueden ser menos de veinte. No se  imagina la cantidad de jabones que gasto.  Tengo la sensación de que todas las cosas están infectadas y que si toco algo me voy a contagiar. No puedo subir a los micros ni  ómnibus porque pienso en los pasamanos y bordes de los asientos de los que tendría que sujetarme. Hay algo peor aún: a veces, no puedo ni ver un cuchillo porque pienso que se lo voy a clavar a alguien…  En la noche, tengo que revisar no menos  de  siete veces si he cerrado el balón de gas, todas las puertas, etc.”

Una película muy elocuente de lo que es un trastorno obsesivo-compulsivo es la que protagoniza Jack Nicholson, “Mejor imposible”.  Claro que su trama muestra un lado alentador en el sentido que tiene un final resolutivo.  El amor lo ayuda a superar trabas y temores y conquista a su pareja.

En el trastorno obsesivo compulsivo confluyen una serie de motivos, entre los que resalta la angustia y el riesgo de quiebre personal.  Se dan alteraciones del pensamiento (ideas fijas, reiteradas del comportamiento).  Por ejemplo, en la citada película, el protagonista no puede pisar las líneas de la vereda ni tocar los cubiertos que han sido manipulados por otra persona.

Algunas personas, a la hora de relacionarse emocionalmente, más que amar se obsesionan.  Su vida puede convertirse en un tormento de ideas, temores, fantasías, que derivan en la necesidad de control de su objeto de amor.

En un grado de menor intensidad y dramatismo emocional, encontramos personalidades que han desarrollado tal control de sus afectos y emociones que lucen fundamentalmente como “cerebrales”, por ejemplo, el personaje Mr. Spock, de “La Guerra de las Galaxias”.  Ellos llegan a pensar los afectos más que a sentirlos, lo que suele generar tensión en sus parejas.

Cuando las obsesiones son muy intensas y frecuentes, más aún cuando ya forman parte de nuestra personalidad, conviene revisarlas con un profesional, dado que pueden evolucionar e incrementarse, llegando a perturbar seriamente la vida de quienes lo padecen.

2015/02/10 Sobre fibriomialgia


Es impresionante la cantidad de consultas que en los últimos tiempos derivan en este diagnóstico.  Se trata de un dolor inespecífico que aqueja al paciente sin ninguna causa física aparente.  Pueden doler los brazos, piernas, muslos, etc. y no hay una razón aparente para ello.

Los medicamentos que suelen usarse para controlarla, si bien apuntan a una atenuación del dolor, tienen también un importante efecto ansiolítico (bajan la ansiedad).

Sin entrar en explicaciones específicas de la fibriomialgia, quisiera referirme a ella como un ejemplo de lo que conocemos “trastornos psicosomáticos”.  Es decir, dolores, malestares físicos de cualquier orden cuyo origen es más bien emocional.

Desde hace ya mucho tiempo se ha podido verificar que una amplia gama de trastornos a todo nivel del organismo provienen de dificultades emocionales: carencias afectivas, tristeza, angustia, impotencia, rabia que no logra expresarse, búsqueda de ternura que no logra manifestarse sino a través del síntoma, necesidad de castigo, culpas inconscientes, erotismo masoquista, etc., etc., etc.

No siempre logramos comprender el lenguaje del cuerpo pero bien haríamos en esforzarnos en ello y considerar la siguiente pregunta: ¿qué me está diciendo el cuerpo?, ¿qué me dice este síntoma? Y, es que lo que no podemos expresar desde la conciencia va a derivar en la organización de ese síntoma físico.  El principio que subyace a esto es la necesidad de recobrar el natural equilibrio, la armonía, lo que en biología llamamos “homeostasis”.

Enfermar, en tanto así, es paradójicamente un llamado a la salud, un requerimiento de atender algo que está fallando y muchas veces no es el órgano en sí tanto como las cargas emocionales que se están depositando en éste.

Como ejemplo simple tenemos el que si una persona se resfría con mucha frecuencia es probable que sea a causa de sus defensas bajas y esa baja en las defensas, a su vez, es producto de una depresión o tensiones demasiado prolongadas.

Como corolario, es también importante hacer una visita al psicoterapeuta, en particular cuando tenemos estas enfermedades “inexplicables” o recaemos con frecuencia en cualquier tipo de trastornos (digestivos, intestinales, menstruales, ginecológicos, etc.). 

2015/02/09 Teodolinda


Esta mañana, mi empleada Teodolinda, quien trabaja en casa desde hace más o menos 12 años, me contó llorosa que su marido se había ido de la casa llevándose sus cosas.  Además, al parecer de manera muy despectiva, le dijo que se iba con una chica más joven.

Con su bebé en brazos (su segunda hija en dos años de emparejamiento informal), ella resumía su impotencia en la frase “¡Ahora que voy a hacer”!  

Me sobrecogió.  Pensé que podía quedarse en casa a vivir, pero también recordé lo terca que había sido en buscar un cuartito donde tener “sus cosas”, su propia casa, un hogar, sus hijos… ¡Qué pena verla fracasar... y tan pronto!

Camino al consultorio, recordé que a mi empleada anterior le había ocurrido casi exactamente lo mismo, sólo que, en el caso de ella, el hombre reapareció muchos años después para, en el primer reencuentro, hacerle un tercer hijo.  El padrinazgo en el que derivó mi relación con ella nada pudo hacer sobre los hechos consumados aunque, en los momentos en que se pudo, le aconsejamos sobre formas de cuidarse, detalles en que también la instruyó su ginecólogo.

En el caso de Teodolinda, el marido se oponía a que ella tomara dichas precauciones, protestando por las libertades que supuestamente buscaba obtener.   “¡Con quién te estarás metiendo!”, le decía.  Por supuesto, su primera reacción al recibir la noticia del embarazo fue sospechar de su paternidad.

Me venía preguntando, entonces: ¿qué pasa con los varones de nuestra sierra?, ¿cómo es posible tanta insensibilidad, tanta agresión para con sus mujeres... para con sus hijos?  Pero inmediatamente me di cuenta de que esto no es sólo una actitud de nuestros compatriotas serranos.  Es algo que  podemos observar en general en hombres de todas las regiones y de todos los niveles sociales de nuestro país. ¿Es sólo una manera irresponsable de evitar el compromiso que significa la paternidad? ¿Es sólo un descuido negligente el que los lleva a tener hijos y abandonarlos?

Creemos que algo más está en juego.  La mujer, al convertirse en madre, normalmente y de manera natural, se resiste a renunciar a las tareas exigentes propias de la maternidad.  Es posible que, durante un período, tome cierta distancia de su rol como pareja para dedicarle más tiempo a la criatura.  En esto, además, influyen otros factores de la vida actual, como el tener que trabajar a la par que atender a su criatura, en agotadora jornada, para poder compensar las limitaciones usuales del varón para sostener el hogar.

Es posible que en el hombre se dé una reacción de rechazo a su descendencia por sentirse desplazado del lugar privilegiado que hasta entonces mantenía.  Por otro lado, puede sentir como una afrenta poco tolerable el no poder mantener las así llamadas “cargas de familia”, sin sacrificar sus privilegios de fin de semana.  Las reacciones que se observan en el hombre denotan una suerte de prolongada adolescencia irresponsable, favorecida por el entorno social que lo tolera y no lo condena. 

Por otra parte, una resignación penosa  lleva a la mujer a reincidir en relaciones de maltrato, como si no pudiera aspirar a otra cosa, humillada ante su pareja como un mandato social sin alternativas.  ¡Qué penoso observar la desvalorización del rol de la mujer, de la madre, de los hijos en nuestra estructura social!   Es como si todos los esfuerzos por legislar y protegerlos terminaran en soluciones timoratas, sanciones sin modificación de la partitura esencial.

2015/02/09 Violación y reincidencia


El problema de los abusos y las violaciones sexuales es mucho más complejo de lo que parece a primera vista. Las víctimas (a las que con frecuencia escuchamos en nuestros consultorios muchos años después de ocurrido el suceso) quedan seriamente dañadas en su psiquismo, con consecuencias que perturban su autoestima, su identidad y el trato en intimidad con sus semejantes.

Uno de los problemas más graves en relación a los violadores es la altísima tendencia a la reincidencia. Sabemos que el nivel de reincidencia  de quienes han cumplido una pena carcelaria es superior al 75 por ciento. 

Contra lo que solemos pensar, el violador no es una persona que uno detecte a primera vista como “sospechoso”. Se camufla perfectamente en la normalidad de su comportamiento y en la adecuación inteligente a las normas, hasta que detecta a su víctima, con quien no solamente satisface una necesidad sexual sino que experimenta el placer especial que le proporciona el sentimiento de dominio total, de poder, de sometimiento y humillación, pudiendo llegar a distintos grados de violencia, que incluyen la muerte de la víctima.

Sabemos que muy pocas violaciones son denunciadas. Uno puede imaginar la consecuencia traumática de esta experiencia, pero hay que haber escuchado y conocido de cerca a una persona violada para tener una idea del daño que esto origina.

El abuso sexual suele ser perpetrado por un familiar o conocido. En este caso, la reserva, el secreto y la culpa son más difíciles de remontar.  Muchas veces, la víctima continúa temerosa y angustiada sin hablar del tema y esperando que en cualquier momento se repita el abuso.  En el caso contrario, en que haya habido una sanción penal, se teme la venganza del delincuente por haberlo denunciado. 

No es necesario que se dé la penetración forzada para hablar de un abuso sexual.  El abuso toma diferentes formas, como la seducción y los tocamientos. Las huellas, en estos casos, especialmente cuando el abusador es alguien cercano, suelen ser igual o más traumáticas que en el caso de una violación por parte de un extraño.

El paso por nuestras cárceles tampoco es suficiente para solucionar la situación. El problema central estriba en que en nuestras cárceles no se da una rehabilitación psicológica de estos abusadores.  Y, estamos convencidos de que las penas o castigos de nada servirán si no van acompañados de una verdadera rehabilitación psicológica.  Fuera de la prisión, los intentos de una  rehabilitación psicológica también son escasos (menos del 30% acepta seguir una psicoterapia).   

Mientras tanto, en países con mayores recursos económicos, como EEUU, se opta por hacer un seguimiento social a los abusadores. La “Ley Megan” obliga a publicar en internet  los datos de quienes han cumplido condena por violación.  El dilema se da entre proteger la intimidad y privacidad de los ex convictos frente al derecho  que tiene la población de conocerlos y estar alertas frente a posibles violaciones de sus niños o familiares.

2015/02/06 La fascinación de la violencia


He visto la película “Asesinos por naturaleza”[1], película de bastante violencia, que muestra a dos personajes centrales aliados contra el mundo, dedicados a matar a cuanto cristiano o infiel se les cruce, por el simple hecho de ejercer un poder omnipotente (en el caso de él) y una venganza (en el caso de ella).

La trama va dibujando, en el entorno de estos personajes, a una serie de protagonistas de la violencia.  En primer lugar, están los policías. Hay  especialmente uno que, obsesivamente, quiere matarlos con cualquier excusa.

Luego, tenemos a un reportero que se propone obtener una entrevista exclusiva para mostrar su primicia y que, al final, termina gozando de una orgía sangrienta al lado del asesino entrevistado.

Vemos, también, al público televidente, que se muestra en la película, fascinado por estas noticias e, incluso,  algunos llegan a expresar su  identificación con  los asesinos.

En la chica asesina de la película hay un deseo de venganza implacable detonado por la violación y maltratos de los que había sido objeto por parte de su padre, a vista y paciencia de su propia madre, cómplice desde su pasividad y a quien, por tal motivo, también la matan. Se trataría de una criminal por reacción a  experiencias pasadas, que han exacerbado en ella la violencia y la identificación con el agresor.

No sólo entre los humanos sino también entre los animales, se observa que cada tanto surge alguno con una carga instintiva de violencia asesina más alta que la normal en su especie. Podríamos hablar probablemente de asesinos influidos en parte por una fuerte carga genética y por un entorno social muy desfavorable.

La película me recordó lo ocurrido, hace años, cuando se amotinaron los presos de lo que entonces era “El Sexto”, un penal ubicado en pleno centro de Lima. Aquella vez tuvimos la oportunidad de observar “en vivo y en directo”, por los televisores, escenas muy crueles, perpetradas por avezados delincuentes.  Quemaron a gente inocente, balearon a otros, los cortaron, los acuchillaron.  Fue realmente espantoso.

No hubo canal de televisión que no estuviera detrás de la primicia. Tal como en la película, mientras más crueldades  mostraban, era mayor “el éxito periodístico”.

Desde entonces, a lo largo de los años, hemos visto que estos “estilos periodísticos” se mantienen en la misma línea porque hay un amplio sector del público que consume su producto.  Esto les permite mantener un alto “rating” a las emisoras y a los periódicos. Digamos que la responsabilidad es compartida por este tipo de periodismo y, también, por la gente que se ve atraída por este género de noticias.  Alguien me decía recientemente que no se puede concebir un periódico sin noticias policiales truculentas, so riesgo de no vender.

Revisando la historia, los sangrientos espectáculos televisivos, que ahora nos llegan de todos los rincones del mundo, gracias a internet, son los modernos sustitutos del circo romano de hace más de 2000 años.  La esclavitud, la Inquisición, el Nazismo y las incontables guerras sucias que se han dado a lo largo de los tiempos, han permitido a los seres humanos aprovechar la ocasión para descargar su crueldad, amparados en “causas justas”.

Los vídeo juegos y las películas de violencia ocupan un lugar muy alto en las demandas y preferencias del público.  Algunos de  sus “recios actores”,   como Van Damme,  Schwarzenegger o Stallone, son altamente cotizados por las productoras  de dichas películas.

¿Por qué las preferencias del público por estos “héroes” de la violencia? Reflexionemos e intentemos desarrollar posibles  interpretaciones.  En primer lugar, el ser humano está constituido por dos componentes instintivos: aquel relacionados con la vida y el amor y aquel que tiene que ver con la agresión y la destrucción. Ambos elementos son susceptibles de reprimirse o canalizarse, pero siempre constituyen una amenaza para el yo de la persona cuando están exacerbados, más aún si su “yo” es débil y frágil. Es así que, dadas ciertas circunstancias, todos somos susceptibles de actuar violentamente.

En las estructuras de personalidad frágiles, debido a experiencias negativas de amor o de sostén, es fácil caer en la tentación de emplear la agresión y la violencia sobre otros, como una manera de sentirse poderosos y omnipotentes.  Es por ese motivo que muchos de estos “malos” luego se muestran como cobardes. Esta “tentación” por el poder, que la violencia otorga, es mayor si se ha vivido vejámenes, violaciones o maltratos. Estas personas suelen, más bien, temer al amor y denigrarlo.

Para estas personas de temperamento violento, la relación es entendida sobre la base del sometimiento del otro o de su aniquilación si no se somete. Sucede que, a veces, se generan alianzas para el manejo del poder, pero la estructuración de éstas es siempre inestable.  Con frecuencia vemos que es el aliado “más fiel” quien termina liquidando al jefe poderoso apenas las circunstancias lo permitan.

Las personas comunes y corrientes solemos “descargar” nuestra agresión  “poniéndola a distancia”, “poniéndola fuera”; por ejemplo, viendo determinadas películas plagadas de violencia, mediante video juegos que nos llevan a actuar con mucha agresividad y sadismo o participando de espectáculos  no exentos de crueldad y ensañamiento, como las peleas de perros, de gallos, etc.
Pero, lamentablemente, para algunas personas, debido a su fragilidad emocional y a la dificultad en el manejo de sus impulsos, después van a tener pesadillas o mostrarse más agresivas en su vida cotidiana.  El peligro para ellos, entonces,  es que más que una descarga, estas actividades muchas veces resulten en una “recarga” de su violencia.

De forma mucho más saludable, podemos descargar nuestra agresividad  mediante deportes como el fútbol, el tenis, el básquet, etc. Aunque, desgraciadamente, especialmente en el fútbol, vemos que generalmente se exacerban los ánimos en las tribunas, con consecuencias también violentas y nefastas.

Generalmente, este “poner fuera” da una sensación de manejo de nuestras fantasías agresivas, salvaguardando al yo del riesgo de vivirlas internamente.  Una cierta catarsis es posible a través de este recurso.

La única manera constructiva de manejar nuestra agresión es bajo la tutela del amor. No se trata de no ser agresivo, de lo que se trata es de no dañar. Para eso, debe uno ser consciente de sus potenciales agresivos y de la eventualidad destructiva de los mismos.

El ser humano ha estado jugando con el gatillo de la destrucción de la humanidad durante años; la guerra atómica estuvo flotando en el ambiente en medio de pugnas de poder. No debemos olvidar que aquello que fue manifiesto estará siempre latente, porque forma parte de nuestra naturaleza humana. Un nuevo Hitler u otras circunstancias pueden llevarnos nuevamente a una espiral de violencia. Por lo pronto, tratemos de  conducir adecuadamente nuestra agresión.

Hay una relación directa entre la agresión violenta y la paranoia.  Para la persona paranoide, quien no piensa igual que uno es un enemigo al que se debe destruir porque, si no, será él quien nos destruya.


Sugerencias

  • Es tan negativo dar rienda suelta a nuestra agresión como reprimirla masivamente.
  • Si no eres capaz de darte cuenta, de reconocer el daño que originas con tu agresión, no estás preparado para relacionarte con un otro.
  • La agresión es necesaria para establecer los límites con los demás, la manera más corriente de expresarla es aprendiendo a decir “¡No!”
  • Si  te percibes muy agresivo por temperamento, busca canalizarlo. El deporte, las artes marciales y otras actividades pueden resultarte útiles. Lo que importa es que te lo propongas.
  • “Cuídate de las aguas mansas”, dice el dicho. No hay que creer demasiado en la bondad exagerada, casi siempre es una reacción que oculta mucha agresión.
  • Procura instalarte en la vida con algún precepto rector, por ejemplo, los médicos nos guiamos por: “en principio, no hacer daño”.
  • No cultives el rencor, el ansia de venganza; ello sólo terminará por ahogar lo bueno de ti mismo.
  • El poder embriaga y obnubila nuestro juicio, impidiendo discriminar adecuadamente nuestra posibilidad de causar daño.  Siempre que tengamos poder tengamos al lado un aliado justo.
  • Si reaccionas fácilmente con violencia, estás a la defensiva, pregúntate qué te puede estar afectando o faltando.
  • Para vincularnos con los demás, son necesarias las normas y su cumplimiento.
  • No es ningún pecado enojarse u odiar, siempre y cuando sepamos por qué sentimos lo que sentimos. A veces es simplemente una trampa en la que caemos con facilidad, muchas veces presionados por el entorno.

Notas 

[1] La película “Asesinos por naturaleza” está basada en una historia de Quentin Tarantino y fue dirigida por Oliver Stone

2015/02/06 Virginidad y culpa


Rita era una atractiva mujer morena, mestiza, de grandes ojos marrón oscuro, con un pelo negro intenso, casi acerado, y labios gruesos.  En su rostro resaltaban unas chapas de color rojo algo subido. Siempre perfumada, dejaba una generosa estela de su presencia de mujer. Su caminar era particularmente llamativo, cadencioso y lento, con un balanceo especial que batía las caderas invitando a mirarla.

Solía llevar blusas cerradas y chompas abiertas, con cuyos lados cubría con frecuencia sus abundantes senos, celosa de un imaginario observador.  En las pocas veces que asistió a consulta con falda, repetía ese mismo gesto de cubrirse, estirando la falda a cada instante; casi, diríamos, llamando la atención hacia esa zona.

Sin embargo, solía quejarse de que los hombres voltearan a mirarla por la calle. “No puedo entender qué les pasa...”, decía. Muchísimas veces, mientras esperaba el micro, luego de trabajar, recibía invitaciones de “caballeros generosos” que se ofrecían a llevarla “porque iban en la misma ruta...”.  Tampoco se explicaba por qué “se ponían pesados y confianzudos...”.  Varias veces tuvo que bajarse violentamente del auto.  Me decía: “Si usted viera... son señores aparentemente respetables... ¡qué barbaridad! ¡los hombres solo piensan en sexo...!”

Sus enamorados le duraban muy poco.  Todo terminaba en el momento mismo en que querían “aprovecharse” de ella. Sólo con uno de ellos había durado un poco más.  Se trataba de un chico respetuoso con el que sí habían ido a la cama después de conocerse bien.  Pero ocurría que, al momento en que él intentaba penetrarla, ella se ponía dura, no podía aflojar las piernas... Así pasaron largas y jadeantes jornadas, en las que terminaban agotados sin lograr el objetivo. Nuestro galán terminó agotando también su paciencia y se alejó.

Hacía poco que esto había ocurrido y la empezó a preocupar que, ya cercana a los 30, siguiera siendo virgen.  Fue así que decidió buscar ayuda.

Su crianza, en una provincia de la sierra, la había limitado en el roce social.  El padre era muy severo con las normas.  Rita le tenía mucho temor, en particular cuando bebía; y, él solía volver a casa casi siempre totalmente borracho.

En una oportunidad, a los 11 años de Rita, el papá “se equivocó de cama”, metiéndose a la cama de su hija. Rita se aterró tanto que "no se  acuerda de nada”.  Al parecer, se quedó dormido y nada pasó. Nadie habló nunca del asunto.

Mamá era una mujer menuda, profesora de escuela, totalmente sometida al esposo, a quien temía tanto como las hijas.  De hecho, era acusada por él de descuidada, ya que las dos hijas mayores habían resultado embarazadas apenas saliendo del colegio. Por este motivo, Rita no dejaba de escuchar los sermones de mamá en contra de los hombres “mañosos” y, más aún, sobre la posibilidad de ser embarazada por éstos. Nunca hubo el menor asomo de enseñanza de la sexualidad como producto del amor. Es más, la imagen, desde la relación misma de sus padres, era de sometimiento.

Hace más de un siglo, en la era victoriana, las costumbres sociales condenaban la sexualidad y eran más bien moneda corriente las manifestaciones de la represión.  El inconsciente se manifestaba a través de síntomas, especialmente histéricos (Hysteros=útero).  El descubrimiento de la represión sexual y sus consecuencias fue uno de los puntos de partida más importantes para el desarrollo del psicoanálisis. 

En nuestra época, dada la libertad sexual que se vive, podría pensarse que no debieran darse estos casos, pero vemos que subsisten.  El temor al incesto, las dificultades  de comunicación entre padres e hijos en torno a la sexualidad, los conflictos sexuales inconscientes de los padres, la falta de cercanía derivada del ritmo de vida, la tendencia social a los placeres inmediatos, etc., ponen siempre la cuota que moviliza la culpa y las perturbaciones en la iniciación sexual.  Estos problemas son generalmente reparables, pero siempre suponen interferencias y dificultades  para lograr la plenitud en la vida sexual de las personas.


Reflexiones

De Rita, podríamos decir que algo de su desarrollo se quedó en los once años, en la noche en que su papá, ebrio, "se equivocó de cama", en aquel episodio que la marcó llevándola a reprimir su sexualidad.  Observamos un conflicto permanente entre un fuerte erotismo y su barrera de represión, que la lleva a negar todo lo que origina con ello. 

En su mente, vive el sexo con una culpa tremenda, como si fuera a culminar el incesto con cualquier varón, en especial con “los señores” que la invitan.  Lo difícil para ella parte de reconocer su propio deseo.  Es como si necesitara que  otros lo registren para, entonces, negarlo.  Su deseo sólo puede aparecer en el otro y, entonces, ella protagoniza la censura (si no el castigo). 

Al relatar su temor al embarazo que podría sobrevenir, resulta evidente que, más que nada, se trata del riesgo de quedar en evidencia, de que los demás se enteren de que ha tenido relaciones sexuales.

Dada una cierta fragilidad de su estructura personal, con el tiempo su actitud defensiva se estaba profundizando, generándole dificultades en su relación con compañeros y varones en general. Demás está decir que, para Rita, iniciar su vida sexual será apenas el punto de partida de un largo camino por recorrer para desmontar el cerrojo virginal en que está atrapada.


Sugerencias:
  • El diálogo franco siempre será  un facilitador para que se instale una sana represión.
  • Las amenazas o condenas sólo logran resultados como el que vemos en Rita.
  • Evalúe bien, en cada hija, qué forma de orientación le resulta más conveniente.
  • Si detecta un mayor grado de erotismo en su  niña pequeña, en principio respételo. Ayúdela a que sea su tesoro y no su tormento.
  • Estén atentos (papá o mamá) a no sobreexcitar a sus hijas con toqueteos o manipulaciones “higiénicas”.
  • También, puede generarse una sobreexcitación al hablar en exceso sobre sexo y, más aún, condenándolo.
  • Si siente celos de su hija, tal vez sea necesario examinar  la situación.  En casa se forman a veces duplas padre-hija con exclusión de la mamá.  Su hija necesita tener una buena relación con su papá, pero si el juego es el de “devaluar” a mamá, no es bueno para nadie.
  • La mejor preparación de una hija parte de una saludable vida sexual de los padres (no se trata de exhibiciones frente a ellos).
  • Siempre es mejor que los niños aprendan a respetar los espacios íntimos de los padres.  

2015/02/05 Vocación, talento y profesión


Los puntos de partida de las vocaciones son las inclinaciones, simpatías y emociones respecto a alguna actividad o quehacer.  Estas inclinaciones, sin embargo, no constituyen de por sí una vocación. Tienen que organizarse y configurarse como un deseo; tiene que darse algún talento o la posibilidad de desarrollarlo.

En algunos casos, las vocaciones tienen el carácter de "un llamado interior", con un fuerte carácter conviccional: “Estoy convencido de que esto es lo que debo hacer en mi vida”. Pero, aún así, las vocaciones tienen que fraguarse en el ejercicio mismo, que las pone a prueba.

Es muy frecuente observar a los adolescentes presionados por tener que decidir su futuro profesional, sin haber madurado suficientemente el sustento de su vocación profesional. Las tenues simpatías por alguna carrera a veces provienen de la imitación o de la presión publicitaria. Esto puede aparentar toda una decisión, ya que los chicos generalmente tratan de aparecer como "muy decididos", para auto-afirmarse, pero esto nada tiene que ver con una verdadera  vocación.

En otras ocasiones, observamos que la familia presiona para que el hijo siga la carrera del padre y "se mantenga la tradición". En otros, funciona el sentido práctico, se tiene el negocio o la tienda y se decide en función de continuar con aquello que ya está funcionando en la familia.

He visto ahogar el desarrollo de algunas inclinaciones que bien hubieran podido cuajar en vocación.  Suele ocurrir cuando hay una sobre-exigencia de la persona en formación.  Cuando se generan demasiadas expectativas desde los padres o la sociedad, el muchacho deja de sentir que el objetivo sea suyo y puede llegar a rechazar aquello que en un inicio le era grato.

Es oportuno recomendar que se les otorgue un tiempo a los adolescentes antes de decidir por comenzar una carrera. En ese lapso, para escuchar “su voz interior", podrían ir observando mejor las circunstancias de la vida que les ha tocado vivir y, acaso, realizando actividades alternativas de carácter “no definitivo", como trabajar, hacer deportes, estudiar idiomas, etc. La vocación supone el profundo compromiso consigo mismo y con  los demás en un sentido distinto al de la obligación.

Es notorio y hasta penoso ver cómo muchas personas que tienen talentos no los cultivan permitiéndose llevarlos a un nivel de profesión. Detrás de una buena vocación suele haber una relación familiar buena, acogedora, con respeto por uno mismo y sus inclinaciones. Quien se siente acogido y respetado, tiene oportunidad de darse cuenta de sus aficiones o tendencias y  las puede cultivar. Quien crece en un ambiente de cariño y aceptación, realimenta su autoestima con cada logro, con cada paso en el camino de su realización vocacional. Importa muchísimo el "pequeño detalle" de la autoestima para cuajar en el desarrollo vocacional.

2015/02/05 El líder y el grupo: importancia de la integración funcional


Un día, conversando con amigos, a Roberto se le ocurrió la idea de un negocio que podía ser verdaderamente revolucionario y rentable. Como tenía mucho talento para organizar y echar a andar proyectos, no tardó en remangarse la camisa y hacer los trazos del trayecto más apropiado para concretar la idea.

Como quiera que requería de profesionales de áreas de servicios, buscó entre gente conocida a personas calificadas con las que pronto se contactó y el proyecto fue tomando forma. 

Se reunió varias veces con sus nuevos socios de aventura sin escatimar el aporte de su sapiencia organizacional, transmitiendo entusiasmo y total entrega para armar el tejido esencial de la empresa.  

No era etapa de ganar dinero, era etapa de crear empresa, generar el equipo de trabajo y lograr un ensamble humano que pudiera manejar un mismo lenguaje; en este caso, estar a la altura de una entrega sin concesiones a favor de una instancia mayor, la empresa.

Grande fue su sorpresa cuando, al proponer que la tarea fuera sin remuneración por unos pocos meses, uno de los socios planteó el reclamo de una compensación económica, argumentando sus razones con una lógica comercial impecable. Roberto aceptó en primera instancia, no tanto porque estuviera de acuerdo sino porque no le era fácil explicar el punto de partida de su propuesta: el pedido de un sacrificio inicial, similar al que él había estado aportando todo ese tiempo a favor de lograr un despegue con menor recarga, sostenido por los talentos de cada quien.  La perspectiva era que a corto plazo iban a obtenerse ingresos que compensarían largamente el esfuerzo. Roberto mostró en ese momento una dificultad: la de poner límites y sostener el sentido de la propuesta.

Felizmente, otro de los socios, de manera serena y muy didáctica, expuso con claridad la situación, permitiendo restituir el espíritu grupal que corría el riesgo de perderse ante la emergencia de intereses personales fuera de tempo. Fue posible, entonces, hacer una lectura emocional adecuada de la propuesta de integración de nuestro buen Roberto.

El grupo ganó con esta experiencia y logró empezar a resolver este problema de integración emergente apoyándose en el aporte oportuno del resto del equipo. Al final, la empresa logró salir a la luz y ya empieza a levantar vuelo. El piloto y la tripulación se han ubicado en el despegue.

Una salida totalmente negativa hubiera sido descalificar al miembro discordante y generar un precoz cisma, con riesgo para la consolidación de la empresa.