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2011/02/25 El acoso laboral

(Escrito para la Revista Resource)

Es frecuente en los grupos humanos que se presenten pugnas de poder, especialmente allí donde no existe el sostenimiento de un liderazgo integrador.

La forma en que se expresa esto, de manera corriente, es una suerte de “guerra sucia” a la que se somete al rival (o a quien es sentido como un obstáculo). La intención es vulnerarlo, someterlo, rebajarlo, lograr que se vaya o que “pierda los papeles” (la autoridad moral).

Se suele promover que los demás compañeros sientan rechazo o se unan a la crítica negativa. Muchas veces, para lograrlo se resaltan posibles defectos o fallas o, si no, se generan chismes o lecturas distorsionadas sobre las intenciones de la víctima.

Por cierto, detrás de este tipo de maniobras se encuentra a personas con problemas de autoestima, que buscan compensarse rebajando al otro, encontrando el reflejo fácil en otros que se unen a la maniobra, quienes suelen tener el mismo trasfondo y se unen a partir de una suerte de contagio con la fuente que promueve esa oscura “unión”.

Hay muchas variables y motivaciones para emprender el acoso. En algunos casos, cuando se ejerce desde la jefatura, es una forma de buscar que la persona se vaya. Es, en tanto así, una equívoca manera de manejar un despido. El que se opte por estas formas suele canalizar necesidades de agresión y desprecio por los demás, una forma de ejercicio de poder tiránico e inmaduro.

No hace mucho tiempo recibí en consulta a un ejecutivo que se sentía mal, sintiendo que estaba en riesgo de que lo echen. Tenía la sensación de no estar dando la talla en la empresa en la que cumplía una suerte de rol salvador.

Conversando al respecto, nos dimos cuenta que se estaba sobre exigiendo en una tarea en la que era permanentemente boicoteado y que, más que un salvador, parecía contratado para “resolver” algo insalvable, dado que la situación de la empresa era justamente producto de pugnas y rivalidades que no iba a poder resolver desde aplicaciones técnicas pertinentes (en las que no encontraba apoyo). Más que el riesgo de ser echado, uno se preguntaba cómo es que permanecía en ese rol sacrificial, pensando, es más, que él estaba haciendo mal las cosas.

El origen inconsciente de estas formas de rivalidad remiten a una infancia conflictiva, con problemas no resueltos en la relación con la autoridad del padre o con los hermanos. Tienen mucho que ver la envidia y la intolerancia a que el otro pueda ser mejor que uno. Hay lugar todavía para mencionar los llamados complejos de inferioridad, los que no se superan por más que uno detente el poder… Se necesita rebajar al otro para que ocupe el lugar de lo que uno no resuelve en sí mismo.

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