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2013/11/05 ¿Te estás portando mal?

Una fuente de información acerca de nuestra personalidad proviene de nuestro comportamiento.  De hecho, algunos rasgos reflejan nuestra “forma de ser”; digamos que “indican” lo que se puede esperar de nosotros en la relación con los demás.  Se pueden mostrar variaciones de acuerdo al estado de ánimo o las circunstancias, por ejemplo, cuando estamos bajo mucha presión, nuestro comportamiento puede variar.   De todas maneras, nos manejaremos dentro de un rango que nos caracteriza.

Las formas de comportamiento se van organizando desde el momento en que venimos al mundo y tienen que ver con la calidad de vínculo que hacemos con nuestra madre así como con los miembros de nuestro entorno.

Un buen comportamiento tiene que ver con una naturaleza que se expresa libremente, a la vez que es capaz de manejar sus emociones de manera regulada, con equilibrio entre la acción y el sosiego. El comportamiento es adecuado cuando el niño (luego adulto) es capaz de reconocer al otro como susceptible de sentir como él: dolor, necesidad de distancia, cariño, ternura, etc.

El comportamiento resulta inadecuado cuando no hay capacidad de controlar los impulsos, cuando hay dificultad para adecuarse a las normas del grupo o de reconocer las características propias de cada persona, tratando de ejercer el control desde las propias necesidades y deseos.

En los niños es cada vez más frecuente observar comportamientos en los que predomina la dificultad de concentrarse y centrar la atención a la par que una constante inquietud que muchas lleva al fracaso en los intentos de adaptarse al medio en que participan (nido, colegio).  Pegan a los compañeros o no dejan de competir con ellos, con poca tolerancia a perder.

Si bien algunos de estos casos tienen que ver con fragilidades heredadas, lo más frecuente es que estos “déficits de atención” se deban a fallas en la relación afectiva con la madre a lo largo de los tres primeros años de vida, lo que no les permite desarrollar una adecuada regulación de sus emociones.

A estas circunstancias tempranas se suman experiencias que pueden acrecentar las tendencias iniciales y, así, tendremos adultos con problemas de comportamiento, falta de control de impulsos, consumo de drogas, exagerada ingesta alimenticia, dificultades en las relaciones de pareja, etc.

Por otro lado, esta misma falla original, en la relación de la madre con su bebé, puede llevar a comportamientos de  inhibición y retraimiento social severo.  Es así que nos encontramos con personas sin iniciativa para enrumbar su vida, con incapacidad para sostener proyectos, con fracasos estudiantiles, etc., sin que estemos hablando de una patología mayor como una bipolaridad o esquizofrenia.

Hay muchas variables de trastorno del comportamiento; no siempre el afectado es consciente de padecerlas. Casi siempre son los demás quienes lo perciben y sufren.

Pero, si en algún momento toman conciencia de ello, es posible que puedan recibir la ayuda que les brinda una buena relación psicoterapéutica. Ésta puede aportar bienestar, evaluando y tratando cada caso en el que un trastorno del comportamiento ha oscurecido la vida no sólo del aquejado sino, también, de su entorno.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Fascinante....como el vínculo con mamá puede ser nuestra base para seguir hacia adelante...le suplico siga explicándonos e instruyéndonos más acerca del tema.....bendiciones