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2012/02/16 Los amantes del riesgo

Consultado sobre estos personajes, que se dicen adictos a la adrenalina, estuve pensando en que, de alguna manera, en eso andamos casi todos, en una sociedad que exige una adaptación a una constante “performance” marcada por la competencia en la que “el que pestañea pierde”.

Toda una generación de yuppies acelerados, jovencísimos ejecutivos que se palmean el ego desde sus respectivos autos último modelo o desde niveles de riqueza obtenidos en base al arrojo ejecutivo, cuando no con falta de escrúpulos para eliminar a sus competidores.

Pero están los otros, los que se ponen en constante riesgo, los que ya tienen un lugar en las pruebas extremas de los deportes o de la naturaleza misma de su profesión. Conocemos el caso del personaje de la televisión, muerto relativamente hace poco, atravesado por una raya. Por cierto, él no es el único. En los programas de televisión se muestran muchos otros personajes que evidentemente ponen en riesgo sus vidas o su integridad. Esto forma parte de la estructura de consumo, en donde, muchas veces tenemos espectáculos que nos recuerdan el antiguo y cruel circo romano.

Mirando un poco a los protagonistas, ahora “voluntarios” (nuevos mártires de la sociedad de consumo), podemos encontrar en ellos diferentes motivaciones.

En algunos, es ese extremo exhibicionismo, esa necesidad de llamar la atención, al causar un gran impacto al ponerse en riesgo de muerte. Quizás encontremos en ellos infancias difíciles y huellas en las que el sentimiento de desamparo alguna vez los hizo sentir que su vida valía muy poco. Pasaron ya por situaciones de muerte, por lo menos psicológica, que ahora se esmeran en repetir una y otra vez, como erigiéndose en vencedores.

En otros, aquellos que ponen aún en mayor riesgo su vida, por ejemplo, los que son capaces de jugar a la ruleta rusa, es posible que prevalezca el anhelo de muerte, de destruirse. Quizás las huellas de un designio melancólico y destructivo los lleven a plasmar lo que sintieron que les era deseado por sus padres.

Hay descabellados que, imbuidos de fantasías omnipotentes, enfrentan el peligro negando los riesgos de muerte. Es lo que suele ocurrir con los adolescentes que intentan erigirse en líderes de sus grupos o, por lo menos, impactarlos con su arrojo. Algunos, prudentes, se tiran de los puentes amarrados a sogas; otros, prefieren pruebas más arriesgadas.

En los casos de una verdadera adicción, las personas no pueden dejar de ponerse en riesgo y se embarcan una y otra vez en situaciones que los exponen.

Desgraciadamente, algunos pacientes bipolares entran en este tipo de manifestaciones, desafiando lo prudente en cualquier circunstancia, no siendo detectados a tiempo por su entorno cercano, en el sentido de su necesidad de tratamiento. En realidad, todos los anteriores, también, necesitarían tratamiento si es que alguna regulación necesitan para manejar el riesgo en que se involucran.

Los juegos un poco menos peligrosos, en este orden de cosas, son los de aquellas personas que andan cometiendo pecados “menores” burlando la ley. En el fondo, buscando la sanción, la que a la larga llega. Algunos casos van desde reiterar infidelidades, que ponen en riesgo una relación que valoran, hasta situaciones en las que robar cosas sin valor se vuelve una “afición”, un “shopping especial”.

Hay de todo detrás de estas conductas: conflictos con el ideal de sí mismos, con el narcisismo, con el súper yo. Vemos desde desórdenes de la personalidad que integran todo lo anterior, hasta banalidades divertidas en las que el juego tiene cabida, en donde la historia tiene un final feliz. Son las situaciones en las que la aventura permite explorar y se resuelven retos accesibles.

De hecho, hay personas que nacen con un temperamento especial, que tienen el ímpetu de batir “récords” y competir. Los vemos seguramente cumpliendo sus metas, pero preparándose adecuadamente para lograrlo y satisfechos por sus logros.

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