lunes

2010/09/10 Vivir rápido... ¿es vivir bien?

Hace un tiempo me llegó por correo electrónico un comentario acerca de un movimiento que va creciendo en Europa, es el llamado “Slow Down”, traducido como "ir despacio, disminuir la velocidad”. Es una propuesta frente a la tendencia mundial - llevada a extremos - de vivir rápido, de hacer algo todo el tiempo, de "no perder el tiempo".

Es importante el mensaje, ya que la idea de “perder el tiempo” ha llegado a involucrar el tiempo para encontrarse con amigos o familiares, para disfrutar del sano ejercicio de conversar, de compartir logros o penurias.

El mundo Occidental se rige por la bandera del "todo rápido" y, a veces, ni siquiera nos tomamos el tiempo para disfrutar y es como que vamos perdiendo esta capacidad.

Como resultado, solemos encontrar personas sobre estresadas, con crisis de angustia o con una depresión donde el vacío interior y la carencia afectiva tienen un lugar importante.

Muchas veces ni siquiera nos detenemos a compartir y, más bien, nuestros éxitos van dejando en el camino un reguero de heridos y lesionados, que suelen ser nuestros hijos o familiares.

Vivir rápido es la madre de las crisis de angustia… Imagínese lo que le ocurriría a su auto si lo mantiene corriendo a 200 por hora todo el día… ¡Revienta! Así aparecen la angustia o el pánico que van siendo cada vez más frecuentes en nuestro entorno o en nosotros mismos. Si ya los padece, conviene que baje el ritmo de su vida, empezando por comer despacio y bien acompañado.

1 comentario:

veligallegos dijo...

Excelente reflexión. En estos días he vivido ese fenómeno y es terrible que el tiempo no alcance ni para tomarse un respiro. Toda la gente corre sin parar y hacia ninguna dirección.

Es cierto, existe muchísima gente con vacíos interiores y angustias.