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2015/02/04 Trastornos de la atención

(Publicado en la revista Resource)


Hace un tiempo recibí la visita de un alto ejecutivo que se quejaba de problemas de concentración. Alguien le había hablado del déficit atencional como un trastorno específico de origen neurológico. La queja predominante era lo difícil que le resultaba concentrarse en leer los proyectos que tenía que revisar a diario en la oficina.

Un detalle llamó pronto mi atención: comentó que acababa de leer una novela muy en boga que estaba leyendo su mujer en la playa…  Entonces, el “déficit” resultaba bastante selectivo; ¡no se presentaba cuando se trataba de novelas o de leer el diario!

Indagando más sobre su vida, resulta que fumaba dos paquetes de cigarrillos al día, sentía una necesidad tremenda de tener el control de todo, siempre con la sensación de que las cosas no iban a salirle bien.  Era poco tolerante a la crítica y cada vez que alguien mencionaba un detalle por corregir, nuestro personaje lo sentía como un cuestionamiento personal, lo que lo enojaba o lo hacía sentir que había fallado. 

Incluso, en cada logro de su carrera, frente a sus jefes sentía que algo malo surgiría inmediatamente de todo ello. Consideraba que ahora tendría que esforzarse en mantener un nuevo nivel de exigencias y lo torturaba la idea de no poder hacerlo.

Le costaba disfrutar de la vida y relajarse, cosa que en realidad le ocurría desde que tuvo uso de razón: siempre se esmeró en portarse bien, más que nada tratando de no importunar a los demás, siempre dudando si lo que hacía estaba bien.

Una larga historia de pesadillas y denodados esfuerzos lo convirtieron, primero, en un exitoso alumno en la universidad y, posteriormente, en un ponderado y eficiente trabajador. Pero nada calmó jamás ese sentimiento de riesgo de perderlo todo o de que nada fuera suficiente.

En fin, concluimos que su problema tenía más que ver con un trastorno de ansiedad que con un solo síntoma de éste (el problema de atención). Necesitaba “enfriar un poco los cables”, orientando su necesidad de atención hacia sí mismo y los riesgos de seguir en ese ritmo en el que estaba, debido a la ansiedad. Fue necesario prescribir medicamentos y acompañarlo un trecho con una psicoterapia.

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