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2015/11/13 Violencia y embarazo

Las características de la relación que establece la madre con su bebé desarrollan ya desde el momento de la concepción. Si ella misma tiene sentimientos de rechazo a su embarazo, si lo desea abortar y, más aún si lo ha intentado y no lo ha conseguido, tendremos como consecuencia un incremento del estrés relacional que va marcando una característica de esa interacción entre la mamá y su bebé.

Este factor de rechazo al embarazo puede no provenir de la madre, pero sí de su pareja o del entorno familiar o social, generándose igualmente intensidades de estrés que, de alguna manera, alteran tanto el desarrollo del bebé como la naturaleza futura del apego con su madre.

El bebé puede nacer más sensible a los estímulos, más asustadizo, más irritable y, por tanto, requerir una mayor contención por parte de la madre, que, si no está suficientemente calmada, es más, si reacciona con poca tolerancia o irritabilidad, derivarán en el desarrollo de lo que se llama un apego inseguro.

Es indispensable que el período de embarazo, cuente, por parte de la embarazada, con mucha contención.  La violencia va a generarle estrés y esto la predispone a una relación alterada con el bebe. El esposo, la familia y la sociedad tienen que prodigar el clima indispensable para que pueda darse un desarrollo armónico  -físico y emocional-  tanto en la madre como en el bebé.


Es frecuente que en madres adolescentes, en hogares disfuncionales o en parejas con poco control de impulsos, como en el caso de consumidores de drogas, se produzcan expresiones de violencia física y mental respecto a la embarazada. Esto constituye un factor de alto riesgo para el futuro desarrollo de un apego seguro entre la madre y el infante y, en consecuencia, un pronóstico gris para el desarrollo de las capacidades mentales del bebé. 

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