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2015/02/09 Violación y reincidencia


El problema de los abusos y las violaciones sexuales es mucho más complejo de lo que parece a primera vista. Las víctimas (a las que con frecuencia escuchamos en nuestros consultorios muchos años después de ocurrido el suceso) quedan seriamente dañadas en su psiquismo, con consecuencias que perturban su autoestima, su identidad y el trato en intimidad con sus semejantes.

Uno de los problemas más graves en relación a los violadores es la altísima tendencia a la reincidencia. Sabemos que el nivel de reincidencia  de quienes han cumplido una pena carcelaria es superior al 75 por ciento. 

Contra lo que solemos pensar, el violador no es una persona que uno detecte a primera vista como “sospechoso”. Se camufla perfectamente en la normalidad de su comportamiento y en la adecuación inteligente a las normas, hasta que detecta a su víctima, con quien no solamente satisface una necesidad sexual sino que experimenta el placer especial que le proporciona el sentimiento de dominio total, de poder, de sometimiento y humillación, pudiendo llegar a distintos grados de violencia, que incluyen la muerte de la víctima.

Sabemos que muy pocas violaciones son denunciadas. Uno puede imaginar la consecuencia traumática de esta experiencia, pero hay que haber escuchado y conocido de cerca a una persona violada para tener una idea del daño que esto origina.

El abuso sexual suele ser perpetrado por un familiar o conocido. En este caso, la reserva, el secreto y la culpa son más difíciles de remontar.  Muchas veces, la víctima continúa temerosa y angustiada sin hablar del tema y esperando que en cualquier momento se repita el abuso.  En el caso contrario, en que haya habido una sanción penal, se teme la venganza del delincuente por haberlo denunciado. 

No es necesario que se dé la penetración forzada para hablar de un abuso sexual.  El abuso toma diferentes formas, como la seducción y los tocamientos. Las huellas, en estos casos, especialmente cuando el abusador es alguien cercano, suelen ser igual o más traumáticas que en el caso de una violación por parte de un extraño.

El paso por nuestras cárceles tampoco es suficiente para solucionar la situación. El problema central estriba en que en nuestras cárceles no se da una rehabilitación psicológica de estos abusadores.  Y, estamos convencidos de que las penas o castigos de nada servirán si no van acompañados de una verdadera rehabilitación psicológica.  Fuera de la prisión, los intentos de una  rehabilitación psicológica también son escasos (menos del 30% acepta seguir una psicoterapia).   

Mientras tanto, en países con mayores recursos económicos, como EEUU, se opta por hacer un seguimiento social a los abusadores. La “Ley Megan” obliga a publicar en internet  los datos de quienes han cumplido condena por violación.  El dilema se da entre proteger la intimidad y privacidad de los ex convictos frente al derecho  que tiene la población de conocerlos y estar alertas frente a posibles violaciones de sus niños o familiares.

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