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2015/02/05 Vocación, talento y profesión


Los puntos de partida de las vocaciones son las inclinaciones, simpatías y emociones respecto a alguna actividad o quehacer.  Estas inclinaciones, sin embargo, no constituyen de por sí una vocación. Tienen que organizarse y configurarse como un deseo; tiene que darse algún talento o la posibilidad de desarrollarlo.

En algunos casos, las vocaciones tienen el carácter de "un llamado interior", con un fuerte carácter conviccional: “Estoy convencido de que esto es lo que debo hacer en mi vida”. Pero, aún así, las vocaciones tienen que fraguarse en el ejercicio mismo, que las pone a prueba.

Es muy frecuente observar a los adolescentes presionados por tener que decidir su futuro profesional, sin haber madurado suficientemente el sustento de su vocación profesional. Las tenues simpatías por alguna carrera a veces provienen de la imitación o de la presión publicitaria. Esto puede aparentar toda una decisión, ya que los chicos generalmente tratan de aparecer como "muy decididos", para auto-afirmarse, pero esto nada tiene que ver con una verdadera  vocación.

En otras ocasiones, observamos que la familia presiona para que el hijo siga la carrera del padre y "se mantenga la tradición". En otros, funciona el sentido práctico, se tiene el negocio o la tienda y se decide en función de continuar con aquello que ya está funcionando en la familia.

He visto ahogar el desarrollo de algunas inclinaciones que bien hubieran podido cuajar en vocación.  Suele ocurrir cuando hay una sobre-exigencia de la persona en formación.  Cuando se generan demasiadas expectativas desde los padres o la sociedad, el muchacho deja de sentir que el objetivo sea suyo y puede llegar a rechazar aquello que en un inicio le era grato.

Es oportuno recomendar que se les otorgue un tiempo a los adolescentes antes de decidir por comenzar una carrera. En ese lapso, para escuchar “su voz interior", podrían ir observando mejor las circunstancias de la vida que les ha tocado vivir y, acaso, realizando actividades alternativas de carácter “no definitivo", como trabajar, hacer deportes, estudiar idiomas, etc. La vocación supone el profundo compromiso consigo mismo y con  los demás en un sentido distinto al de la obligación.

Es notorio y hasta penoso ver cómo muchas personas que tienen talentos no los cultivan permitiéndose llevarlos a un nivel de profesión. Detrás de una buena vocación suele haber una relación familiar buena, acogedora, con respeto por uno mismo y sus inclinaciones. Quien se siente acogido y respetado, tiene oportunidad de darse cuenta de sus aficiones o tendencias y  las puede cultivar. Quien crece en un ambiente de cariño y aceptación, realimenta su autoestima con cada logro, con cada paso en el camino de su realización vocacional. Importa muchísimo el "pequeño detalle" de la autoestima para cuajar en el desarrollo vocacional.

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