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2015/10/15 Por qué la mujer se deprime más que los varones

En  principio,  partimos  de  una  afirmación:  que   las  mujeres  se  deprimen  más  que los varones.   Esto es así.   En el año 1971  realicé un estudio sobre índices de depresión en la población  general  y  pude  comprobar que  las mujeres examinadas, trabajadoras obreras, menores  de 50 años, mostraban índices de depresión más altos que los varones. En dicho estudio se observó también que, pese a sus niveles de  depresión, continuaban  laborando.
Esta observación se reitera en prácticamente todos los estudios que se realizan al respecto. Distintos estudios señalan una proporción de 2 a 1, es decir, las mujeres se deprimen dos veces más que los varones, tendencia que se hace extensiva a las mismas observaciones en el resto de la comunidad Europea.

Dentro de las razones que se pueden esgrimir como respuesta a la pregunta que nos convoca en el desarrollo de este tema, podemos poner un orden de causas entre las que destacan las sociales, económicas, familiares y biológicas.

Dentro de las razones sociales cabe destacar el lugar de marginación que aún se mantiene en la sociedad actual en relación a la mujer. Si bien se ha progresado mucho al respecto, las preferencias y tolerancias giran mucho más alrededor de la condición de varón. La censura y condena sociales pesan más sobre ellas y hasta se puede postular una cierta tolerancia del ejercicio de la violencia como sanción por parte del hombre.

Esta condición se extiende al sistema de remuneraciones o de selección laboral. Suele ser que a la mujer se le pague menos y se le exija más. La condición económica suele traerle problemas a la mujer cuando enfila a la condición de madre, en la que requiere de una situación de sostén y dependencia que no siempre es la adecuada o se sobrecarga con dos funciones que resultan abrumadoras, perturbando el vínculo con los hijos, lo que genera tensión y frustración.

Importa mucho el hogar en el que se ha criado la mujer, si ha tenido padres que se han respetado y tratado amorosamente o si ha vivido situaciones disfuncionales. En el primer caso, tendremos a una mujer con menor tendencia a desarrollar depresión y con más posibilidades de encausar su vida sosteniendo una buena autoestima; en el segundo, la tendencia será a repetir el modelo y vivir la vida como un conflicto permanente, sin solución, al que tiene que someterse.

Por último, la condición biológica de la mujer determina un mayor predominio de la sensibilidad afectiva, lo que será facilitado o inhibido por el entorno. Esta sensibilidad deposita en ella la delicada tarea de contribuir con una participación afectiva, en especial con los hijos. Esto supone el reto de tener que manejarse con mucho equilibrio, con mucha tolerancia a sus propias emociones, lo cual es más difícil en la mujer, por su propia naturaleza. Es solo la vida y el entorno familiar amoroso y comprensivo, el que la ayudará a poder sostener vínculos afectivos con los demás (y, consigo misma) sin perder los límites que corresponden a lo que es digno de ella. De otra manera, está en mayor riesgo de sentirse herida o vulnerada por las expresiones negativas de los demás.

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