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2010/11/24 La Naturaleza de la garra

Es frecuente que, alrededor de las competencias futbolísticas, nos preguntemos qué hace que un equipo gane un partido. Lo más lógico es pensar que es el logro de una técnica depurada; también, importan el grado de experiencia y madurez como equipo, la preparación física, la calidad de los jugadores, el entrenador del equipo, etc. Pero, una cosa son los "cartones" y otra el equipo en la cancha. A veces, muchas veces, el balance a favor de un partido proviene de un factor que en general solemos llamar “garra".

¿En qué consiste la garra? ¿De dónde proviene? La garra es la fuerza, son las ganas, el ímpetu para obtener el triunfo. El que tiene “garra” es el ser aguerrido que, de manera natural, va a "dejar todo" en la cancha. El asunto no es sólo derrotar al rival; está en juego el amor propio, la vergüenza deportiva. Esto significa un alto grado de estima puesta en el equipo (o en el país) al que se representa. Es lo que llamamos "el amor a la camiseta".

Dados los antecedentes o el prestigio del equipo, el jugador puede identificarse con su característica, quedar como "ungido" por su espíritu. Singularmente, si se trata de un jugador de temperamento bastante acendrado y con características de líder, éste puede influir en el resto del equipo.

Hay equipos y países que tienen tradición de "garra". Las selecciones de Uruguay, de Argentina, de Italia, etc. En nuestro medio, algunas veces los jugadores muestran “garra”, pero no siempre.

El grado de rivalidad entre los equipos, también, pone lo suyo. Así, tenemos que hay equipos que se dan "con todo" en esas competencias aunque, lamentablemente, en algunos casos o se cuidan demasiado o el celo extradeportivo da lugar a expresiones de violencia y se dedican más a destruir que a ganar en buena lid.

El solo hecho de ser los seleccionados y representantes de todo un pueblo aporta su cuota, pero es necesario tener en cuenta, por lo menos, un par de cosas. Una, es cómo se visualiza la tradición, en este caso futbolística, del país que se representa. Otra cosa es el nivel de aspiraciones que tenga el conjunto. Si se auto-limitan, no llegarán muy lejos. Por ejemplo, en Argentina 78', conversando con algunos de nuestros jugadores, pude observar que se daban por satisfechos con haber pasado la primera ronda. "Ya cumplimos", decían.

De alguna manera, los jugadores resultan una expresión de lo que es el temperamento de su pueblo. Desde este punto de vista es preocupante el que nuestros equipos nacionales no tengan esta característica; más bien pareciera que cuando van ganando en vez de agrandarse se amilanan, como que no pudieran creerlo y temieran la venganza del rival. Por ese motivo se dedican a defenderse y casi siempre terminan perdiendo.

Mucho aporta el entrenador, su temperamento, su capacidad para llegar a los jugadores, para sacarles la garra. Importa la preparación psicológica, el haber desarrollado vínculos estrechos entre los jugadores, un sentimiento sólido de conjunto, sin excesivos individualismos.

Dados los antecedentes de nuestros equipos, convendría un exhaustivo trabajo grupal y el desarrollo de una mística. Es necesario llevar a la conciencia de nuestros jugadores el sentimiento de lo que es ser profesional y buscar elevar su estima personal, la que al final pondrán en juego bajo la forma de garra, de ambición ganadora.

Ya en otro plano, todos los peruanos deberíamos estimular al que va surgiendo, apoyarlo, alentarlo, celebrarlo, encumbrarlo. Necesitamos identificarnos con nuestros ganadores. No inflarlos falsamente sino estimularlos a que den todo de sí, buscando la excelencia, que logren ser competentes más que competitivos. Necesitamos creer en nosotros mismos, en los nuestros, respetarnos, conocernos y exigirnos al máximo en pro de nuestros objetivos.

La mentalidad ganadora y aguerrida se cultiva desde las identificaciones más tempranas. Tratemos, entonces, de que nuestros niños puedan expresar con libertad su pundonor, sus ambiciones, trabajar en conjunto, aprender a compartir y a competir. En la esencia del ser humano hay suficiente contenido de amor y agresión como para canalizarlo de esta manera. No hay que entender mal el sentimiento de "ser noble", que se suele utilizar en el sentido que más se acerca a la condición de "mansos" que de ganadores.

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