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2015/09/08 Hacemos el amor... ¿o el amor nos hace?

Actualmente, es común escuchar acerca del hecho de tener relaciones sexuales en términos de “hacer el amor”. En efecto, es probable que una de las cosas que se emparentan con el enamoramiento sea tener sexo con ansias incontenibles. Quizás, por eso, se dé la asociación entre el sexo y el amor. Entonces, en este caso, es la intensidad de la emoción desbordante del sexo durante el enamoramiento la que lleva a esta denominación. Pero, surge una interrogante: ¿hay amor sin sexo? o ¿hay sexo sin amor?  

Sabemos qué es el sexo, pero ¿está claro lo que es el amor? Podríamos decir que el amor, como tal, se genera en el vínculo; en realidad, en la experiencia de intimidad con alguien con quien hemos desarrollado lazos, cariño, ternura, aprecio, simpatía, respeto, con alguien a quien valoramos especialmente y con quien nos gustaría mantener una relación “para siempre”, sin que nos sintamos forzados a ello. Es la sintonía natural de quienes pueden confiar en el otro,  a quien pueden “leer” emocionalmente, con amplia tolerancia al equívoco.  Por ello, no se juega a aparentar o a impresionar, sino a ser con el otro, de manera natural.

La capacidad para amar nace de la capacidad amorosa de la madre, quien, al responder adecuadamente a los mensajes afectivos que le envía el bebé, va configurando el diseño de una disposición afectiva, de una capacidad para, a futuro, relacionarse con los demás; en otras palabras, para establecer lazos de amor, de intimidad y confianza. Entonces,  el amor "nos hace", nuestra capacidad de amar surge de la experiencia amorosa con nuestra madre, cuando somos bebés.  Sin esta experiencia, podremos tener sexo, pero no “haremos el amor”.

Es, entonces, que el amor "nos hace".  Nacemos al amor en la medida que hayamos contado con una madre amorosa y disponible. Esto nos prepara para que en el amor seamos considerados con el otro, con nuestra pareja, para tenerle suficiente tolerancia y comprensión al tratar de ponernos de acuerdo y de construir juntos un “nosotros”, sin que se busquen relaciones de dominio sino tan solo una saludable complementación, que en el sexo tendrá un lugar especial.  Tendremos mayor placer en la medida que gozamos con el placer de nuestra pareja.  Si es así, además de tener sexo, estaríamos “haciendo el amor”.




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