lunes

2010/11/03 El fin de la especie humana

Me parece que cada vez tenemos mayor conciencia y preocupación por el calentamiento global y la devastación de la tierra. Hace poco vi la película “Avatar” y me conmovió profundamente la caricaturización de lo que hemos configurado como “la naturaleza humana”, a la luz de la sociedad de consumo. La ambición insaciable, incluso busca integrar la manipulación genética a los fines de un poder desmedido, que no titubea en despreciar los valores de la naturaleza y su trascendencia espiritual.

Me conmovió, también, el vínculo entre ese bebé Avatar y la “relación programadora” que hace con un paralítico soldado que, se supone, ingresará “su programa” en el Avatar para engañar a la tribu y, así, aprovecharse de ellos.

Me conmovió, más aún, cómo un niño, cuando ve que triunfa la justicia, cuando ve que se salvan “los buenos” y que el soldado es más bien el que resulta programado por la sabiduría superior de la naturaleza, recupera en su nueva condición no sólo la posibilidad de caminar sino la de luchar por una causa justa, al punto de dar la vida por una razón que lo trasciende.

En la vida cotidiana, como lo vengo remarcando en diferentes artículos, es necesario darnos cuenta que estamos “programando” a nuestros bebés para adaptarlos a una sociedad de consumo depredadora. No hacemos conexión suficiente con nuestros bebés, tal como lo “manda” la sabiduría de la naturaleza. Y no es de ahora… Hace mucho que perdimos el paso y estamos criando inadecuadamente a nuestros hijos.

Es indispensable volver al “manual” de la naturaleza. Para empezar, lo básico es disponer la dedicación indispensable e ineludible de la madre hacia su bebé, para que nuestra descendencia recobre la capacidad de relación empática. Eso está a nuestro alcance. Es lo que podemos hacer, no sólo por nuestra especie sino por la naturaleza, de la que inevitablemente formamos parte.

Lo que le estamos haciendo a la tierra en realidad refleja lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos. Hemos roto los lazos de la relación como especie, los lazos con lo trascendente. Nos hemos acostumbrado a depredar sin restituir. Para empezar, estamos mezquinando la dedicación a nuestros hijos. La excusa es el trabajo, la realización personal, la vida social… Y eso es posible solamente porque ya hemos “logrado” cambios en la expresión genética, de manera que nos parece natural y no nos sale de otra manera. ¡Terrible! ¡Ya es natural!

Es esto lo que me mueve a titular este artículo como “el fin de la especie humana”. Hace rato que este cambio se echó a andar, hace tiempo que no pasamos la posta esencial de nuestro compromiso con la naturaleza. Nuestra descendencia nace ahora con ese “pecado original”, el de tenernos a nosotros como padres que educan para la depredación, que niegan la necesidad de la entrega en el vínculo entre la madre y el bebé…

¿Estaremos a tiempo de reaccionar…? Esto está más allá de las predicciones para el 2012… Hace tiempo que se echó a andar, en cualquier momento explota….

Suerte…

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