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2015/09/03 El incesto. Del deseo al acto.

Era un adolescente cuando le escuché decir a mi abuela: "El hombre propone y la mujer dispone; el hombre hasta a su madre le va a proponer...".  Sólo los años y la vida, me permitieron comprender el alcance de sus palabras.

Pero, ¡qué tolerantes suenan las palabras de mi abuela!  Si nos damos cuenta, acepta el hecho como algo natural.  Parece plantearnos que, aunque este deseo existe, lo que hay que hacer en estas circunstancias es no acceder a la demanda, sin dejar de comprenderla. La tarea consiste en ayudar al niño/a a declinar su deseo por su madre, padre o hermano en favor de algún sustituto "aceptable"  para "cuando sea grande".

Mi abuela no sabía absolutamente nada de psicoanálisis pero tenía una clara noción de lo que es el incesto y de la fuerza pulsional que puede llevar hacia el acercamiento sexual entre los hijos y sus padres o entre hermanos. El deseo incestuoso es universal, todo niño lleva su sello y éste lo acompaña a lo largo de su vida, aunque muchas veces este deseo se inhibe, sin saberlo.

Los problemas surgen obviamente cuando la intensidad del deseo es muy fuerte y el ambiente no es muy favorable para la renuncia.  Si los padres sobreexcitan al hijo(a)  con caricias inadecuadas o lo/a reprimen excesivamente con amenazas terribles, tendremos la garantía de que después a estos hijos les será muy difícil desprenderse de esos padres, tener una vida sexual plena.  Muchas de estas personas repetirán hasta el hartazgo la situación infantil: conocer a alguien, fascinarse, excitarse, reprimir y romper o quedarse fijados al conflicto, castigados o maltratados por la pareja.

Los padres que comprenden bien el momento por el que están pasando sus hijos, acogen su sexualidad, les conversan de ello y, más que nada a partir de su actitud, les demuestran que sentir estos deseos es lo más natural del mundo, pero que tendrán que elegir en el futuro un sustituto, alguien con quien sí puedan llevar a cabo la realización de su deseo. 

Los padres que no pueden actuar así probablemente tuvieron dificultades cuando niños.  Puede ocurrir, también, que estén tan excitados como sus hijos y les sea difícil tanto reconocerlo como renunciar a ello. Entonces, optan espantados por reprimirse y reprimir al niño(a) sin mayores explicaciones, generándoles culpa.  Incluso, pueden llegar a prohibir los acercamientos naturales y afectuosos entre  los hijos/as y sus padres/madres.

Una cosa interesante, relativamente frecuente, es la observación de padres superando con sus hijos lo que a ellos les fue difícil cuando niños.  Una señora que concurre a psicoterapia, no deja aún de sorprenderse, "¡Qué increíble!", me dice, al comprender cosas de sí misma a partir de conversar sobre sus hijas.  De llegar a la consulta con una actitud celosa y represiva ante las relaciones afectuosas naturales entre sus hijas y su progenitor, ha pasado a favorecer el acercamiento de sus hijas con el padre, quien tuvo una formación diferente a la de ella, más saludable, por lo que chocaban con frecuencia respecto a la formación de sus niñas.  Por otra parte, a partir de ello, empieza a tener una vida sexual más plena con su marido, con orgasmos que nunca había podido tener, cada vez más puede “sentirse mujer”, integrando sus propios aspectos infantiles, que se expresan ahora en diversas formas de "explorar sensaciones".

El desastre se arma cuando el incesto se consuma, cuando lo que debiera quedar en "deseo frustrado" pasa a ser actuado. Los límites que los padres o personas del entorno debieran mantener con comprensión son arrasados por su propia falta de límites. Esto tiene consecuencias severas para los hijos en dos niveles: o se anula la posibilidad del deseo futuro o se recorren las vías de la promiscuidad. Queda, también, afectado el psiquismo y una agresión muy fuerte puede poblar el campo de las relaciones sexuales. En otros casos, puede llegarse incluso a la locura, cuando la violencia ha acompañado el incesto.

En suma, el incesto sí es malo, pero el deseo incestuoso no lo es. Del deseo incestuoso se parte para desplazar nuestra mirada sobre otro (que no sea el padre o la madre o el hermano) que pueda tener -o no- los atributos de éstos, atributos entre los cuales debe resaltar la posibilidad del respeto por los sentimientos y deseos del otro, aunque en ellos no estemos siempre incluidos. Siendo así, por ejemplo, los celos no serán tan intensos ni habrá mayores dificultades para renunciar a las tentaciones que naturalmente irán surgiendo a lo largo de la vida.


Sugerencias:

·   El deseo incestuoso se convierte en un problema sólo en la medida en que no sabemos manejarlo. No debemos espantarnos frente a un sueño o fantasía incestuosa, nuestra o de nuestros hijos, siempre y cuando se quede en fantasía.

·     Llevar a la práctica, consumar el incesto, es algo negativo.  Quiebra la posibilidad del simbolismo y perturba el desarrollo  psíquico en general.

·      La única respuesta válida ante la emergencia de la sexualidad de nuestros hijos, es la comprensión. Esto no significa carta libre para cualquier actuación sexual de los niños. Se trata de ayudarlos a encontrar sus límites y cultivar su capacidad de postergación.

·    Cualquier castigo excesivo o culpabilización frente a los deseos sexuales naturales en los niños, dificultará el desarrollo de su sexualidad en su futura relación de pareja.


·    Nunca se debe tener la intención de herir o avergonzar al niño.  Siempre hay que estar ahí para guiarlo, explicarle y orientarlo.

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