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2015/02/10 Sobre fibriomialgia


Es impresionante la cantidad de consultas que en los últimos tiempos derivan en este diagnóstico.  Se trata de un dolor inespecífico que aqueja al paciente sin ninguna causa física aparente.  Pueden doler los brazos, piernas, muslos, etc. y no hay una razón aparente para ello.

Los medicamentos que suelen usarse para controlarla, si bien apuntan a una atenuación del dolor, tienen también un importante efecto ansiolítico (bajan la ansiedad).

Sin entrar en explicaciones específicas de la fibriomialgia, quisiera referirme a ella como un ejemplo de lo que conocemos “trastornos psicosomáticos”.  Es decir, dolores, malestares físicos de cualquier orden cuyo origen es más bien emocional.

Desde hace ya mucho tiempo se ha podido verificar que una amplia gama de trastornos a todo nivel del organismo provienen de dificultades emocionales: carencias afectivas, tristeza, angustia, impotencia, rabia que no logra expresarse, búsqueda de ternura que no logra manifestarse sino a través del síntoma, necesidad de castigo, culpas inconscientes, erotismo masoquista, etc., etc., etc.

No siempre logramos comprender el lenguaje del cuerpo pero bien haríamos en esforzarnos en ello y considerar la siguiente pregunta: ¿qué me está diciendo el cuerpo?, ¿qué me dice este síntoma? Y, es que lo que no podemos expresar desde la conciencia va a derivar en la organización de ese síntoma físico.  El principio que subyace a esto es la necesidad de recobrar el natural equilibrio, la armonía, lo que en biología llamamos “homeostasis”.

Enfermar, en tanto así, es paradójicamente un llamado a la salud, un requerimiento de atender algo que está fallando y muchas veces no es el órgano en sí tanto como las cargas emocionales que se están depositando en éste.

Como ejemplo simple tenemos el que si una persona se resfría con mucha frecuencia es probable que sea a causa de sus defensas bajas y esa baja en las defensas, a su vez, es producto de una depresión o tensiones demasiado prolongadas.

Como corolario, es también importante hacer una visita al psicoterapeuta, en particular cuando tenemos estas enfermedades “inexplicables” o recaemos con frecuencia en cualquier tipo de trastornos (digestivos, intestinales, menstruales, ginecológicos, etc.). 

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