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2009/04/27 El cuerpo habla

Hace poco me quedé impresionado por la cantidad de malestares que, aparte de sentirse decaída, me manifestaba una paciente en su primera consulta: “me han diagnosticado fibromialgia pero, aparte, padezco de colon irritable y de gastritis: también tengo alergia al polen…”…“Mi marido se queja de que siempre me estoy inventando enfermedades…”

Esto me lleva a comentarles que importa saber que hay enfermedades que se conocen como “psicosomáticas”. Se trata de afectaciones reales, dolores, disfunciones, reacciones alérgicas, etc., cuya causa es de origen predominantemente psíquico.

No es que la persona imagine o invente, como pasa con los hipocondríacos. Se trata de un trastorno real, un padecimiento. Pero, insisto, su causa es psicológica.

Hay una amplia gama de trastornos tipificables como psicosomáticos. Los más frecuentes son los mareos recurrentes, náuseas, colon irritable, dolores de cabeza, colitis, gastritis, sudoración de manos, trastornos menstruales, problemas respiratorios (asma), dolores musculares (cuello, región lumbar) y un larguísimo etcétera.

Todos estos órganos o funciones afectados intentan decirnos algo, llamar nuestra atención o la de alguien, a la vez que descargan contenidos emocionales (miedo, rabia, ansiedad, tristeza) que no han podido encontrar expresión de otra manera.

En realidad, el cuerpo habla todo el tiempo. Por ejemplo, incluso cuando hablamos, se está expresando el cuerpo, sólo que de una manera evolucionada, a través de las palabras. Aún así, siempre la palabra es apenas un intento de expresar todo lo que el cuerpo o, mejor dicho, la totalidad del sujeto quisiera expresar.

La base de nuestra organización mental proviene del ordenamiento emocional y afectivo, que fluye, literalmente, desde nuestras entrañas. Los pensamientos e ideas que conocemos desde la conciencia son la resultante expresiva de dichas emociones y afectos.

Expresar implica la necesidad de un receptor, es decir, que exista alguien que acoja lo que uno expresa. Esto, aparentemente tan simple, es fundamental para la vida. Si al momento de nacer no son atendidos mis mensajes de solicitud puedo morir. El riesgo de morir, consecuencia de la desatención oportuna, activa mecanismos relacionados con el miedo, generando una producción elevada de cortisol, con riesgos de crear un desequilibrio estable en la función reguladora de los afectos y conductas propias del apego temprano.

Siendo así, se interfiere, por ejemplo, la capacidad de fluir expresivamente y se presentan bloqueos o inhibiciones que impiden que pueda decir todo lo que siento, que cuente con la confianza suficiente para hacerlo. Incluso, puede ocurrir que ni siquiera pueda saber qué siento o qué quiero.

La esencia de las enfermedades conocidas como “psicosomáticas” tiene que ver con fallas en la posibilidad de expresar lo que se siente.

Puede, también, ocurrir en circunstancias en las que el sujeto se vea sobrepasado en su capacidad para enfrentar uno o muchos problemas que lo abruman, como suele ocurrir con el estrés prolongado. La experiencia de impotencia, cuando el estímulo que se enfrenta es muy intenso, resquebraja los recursos de tramitación a través del lenguaje, apareciendo, entonces, las somatizaciones.

Una lamentable coincidencia en la mayoría de los que padecen estos males, es que se resisten a ultranza a reconocer la causalidad psicológica y deambulan durante mucho tiempo por los consultorios de los médicos, buscando confirmar la naturaleza física del mal, lo que por cierto reforzaría su necesidad de negar el sufrimiento emocional subyacente. La atención física, necesaria también, resulta así insuficiente, si no se atiende a la vez el componente emocional "anudado" en el síntoma.

Este detalle, el de la necesidad de integrar el factor emocional comprometido en un padecimiento físico, no está siendo suficientemente tenido en cuenta por muchos médicos, quienes olvidan que hay que tratar al paciente, no solo a su enfermedad. Es necesario escucharlos, hablarles, acogerlos, recibirlos con calidez, tratarlos con una coherencia acorde a sus capacidades personales, fortalezas y debilidades. Un médico que integre estos gestos humanos en su labor, puede contribuir mejor a la mejoría de sus pacientes. Por supuesto si esto trasciende sus alcances, podra sugerir un tratamiento psicoterapeutico adicional.


Recomendaciones
  • Escuche siempre el mensaje de su cuerpo.
  • Aprenda a detectar el o los factores que desencadenan sus padecimientos físicos
  • Muchas veces es indicio de que está descuidando su cuerpo o lo está sobre exigiéndo
  • Lo peor ocurre cuando lo ignora (al cuerpo)
  • Procure, dentro de lo razonable, expresar con sinceridad lo que siente
  • Tenga en cuenta qué frustraciones, miedos, odios, etc. tiene por resolver.
  • Evite cultivar el resentimiento, los odios, la amargura.
  • Cuide sus hábitos de higiene, descanso, comidas, cuídese de los excesos.
  • Cultive la amistad, el juego, la risa.
  • Un órgano dolido requiere el bálsamo del cariño. De repente no lo sabe
  • A veces uno no sabe pedir. El orgullo suele ser un mal compañero en estos trámites.
  • No es bueno exigirse el tener que poder resolverlo todo y sin ayuda.
  • El ser humano es un ser de relación, la soledad no es la finalidad
  • El cuerpo pide que nos relacionemos con él. Y también con la demás gente, aunque siempre hay alguien en especial, no es lo mejor excluir al resto.

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