lunes

2008/06/06 Abuso sexual

Considero a la sexualidad como uno de los potenciales más hermosos y bellos de los que ha sido dotada la naturaleza humana. Necesita del sostenimiento en el amor y los cuidados familiares desde la más temprana infancia. Dos cosas son indispensables para el logro de su plenitud: el amor y la libertad. Aún habiendo amor y deseo, es necesaria la voluntad de entrega.

El forzamiento sexual supone un acto decidido por una sola de las partes; es un acto de poder, de sometimiento del otro. Usualmente, el abusador tiene un problema de impotencia y oscuras experiencias ligadas al desamor y a una crianza con violencia. Es probable que, a su vez, haya sufrido abusos en su vida, los que repite ahora con su víctima.

El abusador se nutre del temor y la debilidad de su víctima, en la que suele haber problemas de autoestima, más aún si es una situación que se repite.

Los abusos sexuales son más frecuentes de lo que pensamos. Constituyen realizaciones sádicas en las que la víctima siente que no tiene opción. Lamentablemente, el entorno social suele tender al encubrimiento o a invocar resignación, casi siempre en favor de un modelo machista de poder.

El peor de los abusos es el que se perpetra en los niños, ya que los puede llegar a marcar de por vida, llenándolos de miedos e inseguridad, merma en su autoestima, culpa y una serie de trastornos que pueden llegar hasta la locura.

Uno de los problemas mayores que contribuye a que el abuso deje huellas profundas es el tener que guardar el secreto, el no poder contar lo que les pasó. Los niños requieren tener confianza en sus padres y esto no es fácil si sienten que el papá o la mamá se pueden enojar.

Es importante tratar de escuchar con serenidad y tomar medidas que no afecten más al pequeño; lo que él necesita es sentirse protegido y comprendido, más que venganza o escándalo. 

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