Es un tema del que se habla poco pero se
sufre mucho. Es muy frecuente en nuestros días observar que vienen pacientes a
consultarnos luego de haber visitado diferentes especialistas: al reumatólogo, al
traumatólogo, al neurólogo, al internista… sin lograr resolver una
sintomatología que se caracteriza por un dolor muscular, tendinoso o articular,
en algún sector del cuerpo y a veces generalizado, que no cede, o sólo se
atenúa con el tratamiento con analgésicos. Se puede observar que este cuadro es
más frecuente en mujeres.
La causa, pese a múltiples investigaciones,
no logra precisarse del todo, hay alteraciones en los núcleos cerebrales
reguladores del dolor, en las que, se infieren razones de predisposición
genética, pero, están también una serie de factores que contribuyen a su
desencadenamiento, entre las que cabe resaltar el estrés o la ansiedad
persistentes.
Es posible que sus manifestaciones hayan ido
evolucionando en el tiempo, de forma tal que el afectado no ha ido prestando
atención a sus molestias hasta que éstas han adquirido una intensidad que hace
imposible ignorarlas. Lamentablemente, en ese momento la afectación ha
adquirido proporciones que hacen que, lo que originalmente fue tensión, haya
derivado en una lesión permanente, estructural o funcional, es decir, se han afectado el
área músculo esquelética o los circuitos de percepción del dolor.
Aún está por precisarse si existe en el origen de la fibromialgia un único
factor o si se trata de una confluencia de factores. Pero, la enfermedad ha cobrado tal
importancia como para que exista el “Día mundial de la fibromialgia”, que es el
12 de Mayo. De cualquier manera, se va perfilando que, para su solución, es
necesario un abordaje múltiple, en el que participen el neurólogo, el
reumatólogo, el fisioterapeuta, el psiquiatra, el psicoterapeuta, el
nutricionista, etc.
Desde el área de la psicoterapia, resulta
evidente que las emociones reprimidas suelen expresarse bajo la forma de
somatizaciones, a través del cuerpo. Tienen una importancia particular aquellas emociones que tienen que ver con agresión y resentimiento,
de origen generalmente inconsciente, y que provienen de huellas muy tempranas de
la vida.
Otro vector importante en la génesis de la
fibromialgia proviene del aprendizaje de la experiencia del dolor. Por ejemplo,
podríamos haber visto desde pequeños que nuestra madre o padre reaccionaban con intensidad exagerada a los golpes o
lesiones. Esto nos puede llevar a vivir el dolor con similar desproporción. Igual sucede si hay una sobre-preocupación de nuestro entorno ante alguna lesión que tuvimos cuando niños.
Importa, entonces, el entorno emocional en la conformación de la naturaleza de
la reacción dolorosa que cada quien tiene sobre una molestia, en este caso, músculo
– esquelética.
En el proceso de la cura, importa también la
reacción del entorno. Más allá del abordaje terapéutico de la dolencia, importa
la actitud comprensiva de quien asume el tratamiento.
A menudo se observa que las personas con estos
padecimientos tienden a sobre-exigirse, a no aceptar fácilmente ayuda de los
demás, incluyendo el solicitar afecto o caricias. Por este motivo, suelen
enojarse con la molestia física antes que tratar con buena disposición el
problema. Quizás la tarea a emprender desde la psicoterapia tenga que dirigirse
a modular los afectos y, en particular, las posibilidades para la relación
afectiva con los demás, especialmente con la pareja y los hijos.
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